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Construir la realidad psíquica

El desafío en cuarentena

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

Gabriel García Márquez

La pandemia es algo real que afecta a todo el mundo, pero eso no significa que dejará las mismas huellas emocionales en todos, ya que la realidad psíquica depende de cómo vivimos esa realidad objetiva.

La realidad psíquica se construye a través de la experiencia; la sensación que nos cause esta vivencia será lo que vamos a recordar de este momento histórico de la humanidad. Lo mismo sucede en situaciones límite en las que, por ejemplo, una persona que sobrevivió a una guerra, un secuestro o un naufragio pudo preservar su salud mental y encontrar resiliencia por encima de las circunstancias, gracias a esta realidad psíquica y al microclima que construyó en esos momentos de dificultad, ya sea a partir de la esperanza, reencontrarse con un amor, la familia, sentir que tiene una misión o un proyecto. Por sobre todo, se construye sobre el amor a la vida y las ganas de sobrevivir, incluso ante la atracción de sucumbir a la desesperanza.

Mucho se habló de la cualidad democrática de la pandemia, pues, en teoría, “afecta al pobre y al rico por igual”. En realidad, nada tiene de democrática porque no todos estamos en el mismo barco, atravesando la misma tormenta, por utilizar otra de las repetidas frases del año.

Para algunos, la experiencia será traumática porque enfermaron o perdieron a un ser querido; para otros será un momento desafiante, de reinventarse para sobrevivir y no perder su trabajo; algunos lo verán como una etapa renovadora; mientras que para muchos será devastador. Todo esto dependerá no solamente de la predisposición o la voluntad de la persona para salir adelante, sino de las circunstancias reales que le condicionan: la edad, enfermedades de base (física y/o psíquica), la tolerancia a la frustración, la capacidad de renuncia y desapego, el sistema de salud de su país, la educación cívica y cultural, etc.

Más de 100 años atrás, Sigmund Freud anticipó esta sentencia con su distinción entre la realidad psíquica y la realidad histórica, subrayando la primacía de la primera sobre la segunda y destacando que, pese a su dimensión psíquica, constataba su eficacia fáctica, verificada a través de la presencia de traumas, síntomas y del relato al cual se atañe cada persona; la experiencia contada es real, independientemente a lo que realmente pasó.

Mucho se habló de la cualidad democrática de la pandemia, pues, en teoría, “afecta al pobre y al rico por igual”. En realidad, nada tiene de democrática.

El gran desafío pospandemia: empoderar el sentido común

Hablamos sobre el impacto de la experiencia que estamos atravesando para tomar conciencia e intervenir “sobre la marcha”, de manera a construir una realidad psíquica que pueda alzarse por sobre toda situación negativa y actuar de forma consciente en la creación de momentos y recuerdos positivos. Todo esto para que, en el futuro, recordemos este momento histórico como un desafío que nos permitió entender que no podemos controlar todo lo que pasa afuera, pero sí podemos trabajar sobre cómo nos sentimos con relación a lo que nos pasa.

Facundo Manes, neurocientífico argentino, en una entrevista publicada por Infobae, consideró que “el saldo más negativo que está dejando el coronavirus a la humanidad es una pandemia de enfermedad mental que, advirtió, ya perjudica a un importante número de jóvenes que están padeciendo trastornos de ansiedad o depresión. Una reciente y precisa investigación de la Fundación INECO evaluó los efectos de la pandemia y la cuarentena en la salud mental de la población y mostró cifras alarmantes”. La salud no se puede separar en salud física y mental, puesto que la salud es integral. “Hoy los argentinos estamos exhaustos”, sentenció.

Todos le tenemos miedo a la enfermedad y a la muerte; es algo natural, y no hablar de eso es negarlo. “Los jóvenes están siendo muy afectados y lo que tenemos que evitar es que esto se haga crónico. La salud es una sola, y si no se pone como prioridad, la Argentina va a tener que ser reconstruida desde las bases psíquicas. Si tenemos un pueblo ‘quemado’ (estresado), una sociedad exhausta, por más que arreglemos la deuda o traigamos inversiones, si tenemos un pueblo deprimido, desmotivado y ansioso, estamos frente a un problema no solo humanitario, sino social y económico”, enfatizó.

Si tenemos un pueblo ‘quemado’ (estresado), una sociedad exhausta, por más que arreglemos la deuda o traigamos inversiones, si tenemos un pueblo deprimido, desmotivado y ansioso, estamos frente a un problema no solo humanitario, sino social y económico.

Facundo Manes, neurocientífico argentino

Este panorama no está exento de replicarse en nuestro país, en donde la motivación debe pasar por una reconstrucción de la realidad psíquica de la cual depende no solamente la voluntad de cada persona, sino de la perspectiva de horizonte que se le presente por parte de las autoridades y los medios de comunicación.

No es de extrañar que las noticias alarmistas sean las que más venden, ya que los ciudadanos buscamos consejos en un momento que no tiene precedentes y, realmente, tampoco tiene respuestas. Las personas no tenemos un camino claro a seguir, especialmente con intereses económicos, contradicciones y confusión por parte de las autoridades, quienes —se supone— deberían abogar por su pueblo. Esta situación, además de desorientar y desmoralizarnos, propicia que encontremos argumentos y justificativos “válidos” para no cumplir con las recomendaciones del gobierno, incurriendo en desacatos y riesgos que solamente perjudican a la salud.

Es momento de apostar por una psicoeducación que empodere a las personas para que cada uno se cuide con información efectiva, orientarlas a través de la normalización del cuidado y no a través del miedo o la coacción, que son situaciones que generan estados emocionales negativos y dependientes. Esta es la forma de proteger no solo la salud, sino también la libertad de saber que elegimos cuidarnos y no que estamos siendo obligados a hacerlo, como en una posición infantil que necesita de un padre que le diga qué hacer y que imponga un castigo si no se cumple. La toma de conciencia madura implica responsabilidad y prevención personal, pero también comunitaria.

Es momento de apostar por una psicoeducación que empodere a las personas para que cada uno se cuide con información efectiva, orientarlas a través de la normalización del cuidado y no a través del miedo o la coacción.

Cómo superamos el cansancio cognitivo

Llegó el momento en el que todos nos damos cuenta de que esta batalla no se gana en las quejas ni en el sometimiento al miedo, tampoco en la busca de un mesías que nos rescate. Para vencer al virus es necesario que esta conducta de cuidados individuales se extienda a gran escala, lo que conlleva la responsabilidad de sentirnos en comunión en esta lucha.

Es cierto que justo en el momento en el que necesitamos de más fuerzas para seguir atravesando esta situación —porque las cifras cada vez son más alarmantes— aparecen la deserción, el relajamiento y las actividades de riesgo, por el síndrome de burn out o el estrés de no hacer nada, que angustia y deprime. Pero a pesar de sentirnos así, lo mejor que podemos hacer es recuperar el criterio personal edificado en el sentido común.

Una forma de darnos fuerza es relativizar los problemas, como pensar en los servicios que nos ofrecen los médicos y enfermeros, los cuales permiten que llevemos, hasta ahora, un estilo de vida confortable. Sobre todo, agradecer por ellos. Podemos intentar seguir adelante con algún proyecto, pero sin caer en la autoexplotación, ya que mucha gente siente que se encuentra obligada a hacer en este corto tiempo todo aquello que no hizo en diez años, porque siente que no está haciendo nada “productivo” —esa autoexigencia también satura—.

Debemos poner en práctica ser tolerantes con nosotros mismos cuando subimos unos kilos demás, cuando no tenemos tan ordenada la casa, cuando sentimos ganas de llorar o de faltar a alguna reunión por Zoom… Todo eso no nos hace desertores.

Debemos poner en práctica ser tolerantes con nosotros mismos cuando subimos unos kilos demás, cuando no tenemos tan ordenada la casa, cuando sentimos ganas de llorar o de faltar a alguna reunión por Zoom… Todo eso no nos hace desertores. El cansancio cognitivo también se recupera en el ocio vacío de ver una serie o simplemente no hacer nada.

Es un momento para volver a disfrutar con los hijos y aprender algo nuevo. Así, sin ser demasiado exigentes, vamos a ir construyendo una realidad de la que podamos decir, alguna vez cuando todo esto acabe, “este día y esta experiencia la volvería a vivir de la misma manera”.

COMENTARIOS
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    Andrea

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    Cuesta bastante reunir fuerzas, ánimo de esperanzas.
    Si no fuera por nosotros mismos.
    La pandemia afectó tanto ambas partes que es difícil.
    Y la persona que está a tu lado tendrá que ser lo suficientemente sabio para poder ayudar, y apoyarte en todo cuando uno se siente agotado de no hacer nada, o de ser útil.
    Tengo la bendición de tener un compañero bastante tolerante en todo conmigo. Si no fuera por él, tiraría la toalla al piso.
    Espero que podamos levantarnos todos y que el Paraguay se levante después de ésta recaída.
    Gracias Lic. Gabriela.

    17 septiembre 2020
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