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Liv Ljunggren

El regreso a la escena gourmet

Más de una década de vino y sobremesa, un cierre, una reinvención con robots de cocina y un regreso que nadie apuró: la historia de Liv Ljunggren se escribe entre etiquetas, pinceles y esquinas de Asunción que se niegan a dejarla ir. Formada entre fogones y talleres de arte, volvió a abrir las puertas de su restaurante, Uva Terra, con la misma pasión de siempre y una madurez que solo da el tiempo.

Hay gente que abre un restaurante; otras construyen, sin darse cuenta, un refugio. Liv Ljunggren pertenece a la segunda categoría, aunque ella lo cuente con una sencillez que casi despista. “Nuestra pasión por el vino empezó de una forma muy orgánica”, dice, y ahí ya está la clave de todo lo que viene después: nada de esto fue calculado. Nació naturalmente, como cuando conoció a su marido en un wine bar.  

Corría otro Paraguay —más chico, menos ruidoso— cuando ella y Cacique Scappini abrieron la que iba a ser apenas una tienda vinatera. “Amateurs”, dice ella, aunque la palabra suene hoy casi irónica. Seis meses después esa casa de vinos ya tenía mesas, platos y un petit restaurante que no había pedido permiso para crecer.  

Así nació el primer Uva Terra, sobre la calle Ocampos Lanzoni esquina Guido Spano. Pasaron 11 años ahí, atendiendo, aprendiendo, equivocándose y construyendo una comunidad de gente que volvía no por el menú, sino por algo más difícil de nombrar y que podríamos intentar definir como ambiente, pero nos quedaríamos cortos.  

Después vino el cierre. Liv y Cacique se metieron con Thermomix, Cooking Tek Imports y una lógica completamente distinta: la de vender tecnología de cocina en vez de servirla en un plato. Como emprendimiento funcionó, pero si algo sabía Liv es que no era lo mismo.  

“Fue algo que estaba siempre presente, los clientes y amigos insistían: ‘Vuelvan’”  

La espera que no fue pasiva

Y acá conviene frenar un poco, porque una narrativa fácil diría “emprendedores que reinventan su negocio, superan la adversidad y vuelven más fuertes”. En la vida real, sobre todo cuando hablamos de comida y el compartir, las cosas se parecen más a lo que cuenta Liv: “Fue algo que estaba siempre presente, los clientes y amigos insistían: ‘Vuelvan’”. No hubo un plan de regreso con fecha en el calendario, era una deuda pendiente flotando en el aire asunceno. Gente que se cruzaba con su esposo en la calle y le preguntaba, medio en broma medio en serio: “¿Cuándo abren de nuevo?”.  

La reapertura tampoco fue impulsiva. Maduró. Y maduraron con ella los hijos, que hoy ya están dentro del negocio y empiezan lo que se puede llamar sin exagerar una segunda generación. Ahí hay algo que en Paraguay conocemos bien: los negocios familiares que sobreviven se construyen a través de distintas camadas.  

Uva Terra hoy está en otra dirección —Alejandro Villamayor y Emeterio Miranda—, pero volvió a convertirse en una esquina mágica. El ambiente, cálido y cercano, es íntimo y lleno de arte en las paredes y los rincones; la mayor parte la pintó Liv o ella cuidadosamente eligió las piezas. “Va a generar nuevos recuerdos en Asunción”, se emociona.  

Lo que cambió, según reconoce sin vueltas, es la manera de trabajar.  Antes hacían todo. Ella, multitasking pura: decoración, postres, reservas, cocina en los eventos, relaciones públicas. Esa entrega total tiene un costado hermoso y otro que muy pocas veces se menciona: el desgaste. Con la reapertura en 2025 de por medio, la madurez consistió en delegar, entender que el mismo amor por el vino y la gastronomía puede sostenerse sin que una persona sola cargue con todo el peso del servicio.  

El menú de la nueva etapa tiene guiños asiáticos y criollos que conviven sin pedirse disculpas: un teri-roll con camarones y salmón, al lado de un vacío slow cook con puré de mandioca y salsa criolla. Nada de eso es casual. Es la misma búsqueda de siempre, la de que “el vino y la gastronomía dialoguen entre sí”, como dice ella, aunque hoy con una carta que responde más al momento del cliente que a una fórmula fija. Su preferido, cuando se le pregunta directo, es un pinot noir. Simple.  

Uva Terra no volvió igual. Regresó con los mismos dueños, la misma pasión y otra forma de cargar el peso.  

El ambiente, cálido y cercano, es íntimo y lleno de arte en las paredes y los rincones

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