HISTORIAS COMPARTIDAS
La sofisticada calidez del hogar
El diseño cobra sentido cuando narra una historia. Al adentrarnos en la vivienda familiar de Emma Viedma, descubrimos una propuesta residencial en la cual el arte y el oficio artesanal dialogan de forma natural, un recorrido visual que celebra el equilibrio perfecto entre la luz, la nobleza material y la audacia cromática.
Emma, directora creativa al frente de Pierrot Couture y Bardot Jewelry, tiene la energía de una emprendedora nata. Sus ojos se llenan de un brillo de luz cada vez que habla de su familia y, en especial, de su padre, Manuel, artista plástico, pintor e historiador, a quien atribuye su amor por las expresiones estéticas. Su madre, Emma, también es virtuosa del arte y la pintura. Sus hermanos, Juan y Vero, del mismo modo, siguieron profesiones afines al mundo de las formas.
Esta herencia artística, visual y afectiva es la que se respira en cada rincón de su nuevo hogar. Aunque ella y su esposo, Vicente Viche Scavone, acaban de celebrar su reciente matrimonio, la complicidad de la pareja ya había echado raíces profundas. Esta casa nace como el reflejo de una hermosa familia previamente consolidada y como el testimonio vivo de su historia compartida.
La imponente puerta doble de madera noble, rematada por un gran arco de medio punto vidriado, dota al acceso de una jerarquía solemne. Su estructura de líneas depuradas pero de espíritu tradicional se eleva para inundar de luz natural el espacio, lo que establece un diálogo perfecto entre la arquitectura de corte clásico y la pureza contemporánea.

Emma concibió la entrada bajo una mirada clásica. Allí, la historia, los viajes y las texturas antiguas dialogan entre sí. Darle máxima jerarquía a este umbral tiene un propósito claro: cautivar y sorprender al visitante desde el primer paso.
Bajo los pies, el suelo de baldosas calcáreas con motivos geométricos y florales tradicionales sienta las bases de un recorrido con carácter. Sobre esta superficie, Emma despliega una curaduría profundamente personal que combina el respeto por el oficio artesanal y las reminiscencias de época.
Al fondo de la visual, las puertas vidriadas con banderolas de madera y la imponente escalera caracol —con sus escalones de piedra y una baranda de hierro forjado que abraza el ascenso— anticipan que cada rincón de esta casa está construido en capas de color, memoria y diseño. Un preludio perfecto para sorprenderse ante la historia familiar que aquí se resguarda.

Heredado de sus padres artistas, el arte es el eje motor de Emma, pues moldea su mirada como directora creativa, inspira sus viajes y transforma su hogar en una autobiografía tridimensional. 

EL CORAZÓN DEL HOGAR
El centro de la vida familiar se despliega en un ambiente de generosa doble altura, concebido para que cada elemento creativo respire y se luzca. En este entorno, la atención se desvía de inmediato hacia el hogar a leña. Como bien destaca su propietaria, “la chimenea fue para mí el punto clave de este espacio, porque quería que sea superíntima, que tuviera esa madera antigua, esos detalles que la enmarcan”, describe. Revestida con materiales y azulejos pintados a mano, ancla la escena con su calidez ancestral.

La paleta cromática —pistacho y avellana— teje contrastes sutiles y serenos. Emma logró una mezcla de estilos en que la esencia mid-century se encuentra con la influencia de Le Corbusier: líneas puras, simples, pero con detalles meticulosos en cada pieza, que acoplan al espacio como los compases de una partitura.


Los azulejos que enmarcan la chimenea fueron realizados a mano, con absoluta precisión artesanal para lograr el color exacto y la calidez que Emma estaba buscando para este rincón tan íntimo. 
La mesa de comedor oscura, con su forma orgánica y rectangular asimétrica, está rodeada por sillas de madera de nogal curvada y tapicería negra con un patrón de cuadrícula de color dorado.
“La chimenea fue para mí el punto clave de este espacio, porque quería que sea superíntima, que tuviera esa madera antigua, esos detalles que la enmarcan”

El toilette es un oasis de audacia y armonía tectónica, protagonizado por placas cerámicas que evocan piedra de museo y un tocador azul cobalto que contrasta con el suelo.
Por su parte, el quincho se define como un espacio integrado de ocio y alta gastronomía de planta abierta. Este sector fusiona con fluidez una confortable zona de estar —donde destacan detalles artísticos y un sillón con toques de mostaza— con un área culinaria de vanguardia que rinde tributo a la parrilla tradicional. Cabe destacar que todos los revestimientos de la casona son de Ipale, en una combinación de texturas y tonos singular.
Este recorrido visual confirma una certeza: la casa de Emma no es solo un espacio para habitar, es una autobiografía construida en capas de color, memoria, arte y oficio.




