UNico’s Ballet
Corporalidad como territorio emocional
En UNico’s Ballet se baila sobre vidrios rotos: la muerte de un ser querido, el fin de un sueño, la pérdida de un trabajo. Cualquier duelo cabe en una coreografía cuando el cuerpo es un territorio emocional. A cinco años de fundarse en plena pandemia, esta compañía paraguaya ha convertido la vulnerabilidad en su sello de identidad. Aquí la emoción es la materia prima de un mundo propio creado en puntas.
Agradecimiento: Sitio de Memoria y Centro Cultural 1A Ycuá Bolaños y Víctor Maldonado.
Hay una imprudencia refrescante en fundar una compañía de danza en Paraguay en pleno 2021. No solo por la asfixia de la pandemia, sino por la inercia de un país que suele mirar al artista con una “cálida indiferencia”, como quien observa un mueble heredado: se valora su antigüedad, pero se ignora su utilidad.
Sin embargo, existe una obstinación que llega a ser arte, y es la que encarnan Nicolás Moreno Cibils, Cristina Báez y Agustina Torres al frente de UNico’s Ballet, una agrupación que ya celebra cinco años de vida. Sentarse con sus directores no es una entrevista común; es asistir a la disección de un organismo vivo que late al ritmo de Philip Glass, música disco y Vivaldi. Es confirmar que, en este espacio, el cuerpo es un territorio emocional.
La entrevista inicia con una sonrisa. El director explica la historia con ojos de nostalgia: “UNico’s nace en 2021”, y la fecha resuena como acto de fe. Fue en el encierro que un grupo de amigos, ávidos de movimiento, convirtieron la desesperación en coreografía.
Nico tiene varios escenarios recorridos. Se graduó en el Teatro Colón y en la Ellison School de Nueva York; fue solista en el Sarasota Ballet y formó parte de compañías en San Petersburgo y Buenos Aires antes de regresar al país. UNico’s nació de casualidad, pero se mantuvo por la necesidad de seguir transmitiendo y compartiendo arte de primer nivel con bailarines paraguayos de destacadas trayectorias nacionales e internacionales.
“Quería traer y compartir un poco de lo que aprendí afuera: arte de calidad y elevado, con nuevas ideas, para revolucionar lo que ya conocemos”, revela el coreógrafo y director. Según explica, es una celebración de la diversidad, el teatro musical, los diferentes estilos de baile y música, la moda, la belleza y el poder llegar a todo tipo de público. Esa vocación rupturista no se limita a la sala teatral. El elenco convirtió su versatilidad en sello: sus bailarines intervienen desfiles de moda de diseñadores locales, crean puentes entre la pasarela y la coreografía, son convocados por empresas para dotar de sentido narrativo y movimiento a eventos corporativos. La danza, en sus manos, deja de ser un inaccesible lujo y se vuelve un lenguaje que humaniza hasta el salón de convenciones más austero. “Nos gusta decir que no hacemos shows, creamos experiencias”, sintetiza Moreno Cibils.
UNA PROPUESTA VANGUARDISTA
La primera obra, Golden Night, con su estética disco, fue el chisporroteo inicial. Pero lo que pudo haber sido un entretenimiento de cuarentena se transformó en un proceso de reivindicación. En menos de un año llevaron a escena Grandes historias de amor, en su faceta más romántica y clásica, con la misma soltura que The Ball: La celebración de la libertad, una propuesta en la que, como poseídos por un hechizo de la musa Terpsícore, el baile se extendía a todos los presentes.
Lo que distingue a UNico’s de otras iniciativas —además de su longevidad, rara en la escena; las compañías independientes suelen ser fogonazos líricos— es su apetito por la contradicción. Bailan con la misma soltura la nostalgia barroca que el desenfado rítmico de los 70. “Iniciamos con la música disco porque es algo que siempre me movió”, dice Nico; pero la compañía ha sabido transitar hacia territorios más escarpados. Las exploraciones se extendieron con ¿A dónde van los cisnes? —secuela del tradicional Lago de los cisnes acompañada del grupo Trío Blue— y reinventaron el clásico navideño El cascanueces.
Por su parte, en 2025 Le Freak fue una puesta inmersiva que apostó al vanguardismo al romper la cuarta pared. Ese mismo año colaboraron con la Orquesta Sinfónica Nacional para versionar Las cuatro estaciones, de Vivaldi, con una propuesta titulada Estaciones en movimiento; no fue un mero ejercicio de estilo, fue el hallazgo de que la música de 1723 puede sonar “moderna” cuando el cuerpo la interpreta desde el vértigo contemporáneo.
CARTOGRAFÍA EN MOVIMIENTO
UNico’s también llegó a explorar las sutilezas del ser en Trasdecer, nacida de un diálogo simbiótico del grupo y sus amigos Luigi Manzoni, Sebas Sorera y Enmanuel Lezcano. Es un ejercicio de desnudez emocional. “Desde que me enviaron la música, me movilizó”, dice Nico. Y la palabra “movilizar” es clave en el ideario de la compañía: no se trata de ilustrar una melodía, sino de dejar que ella desgarre el tejido escénico.
El proyecto transita el realismo mágico y lo traslada a paisajes sonoros. La microficción se vuelve narrativa inmersiva. Trasdecer es una comunidad aislada del ruido de la ciudad, profundamente conectada con la naturaleza y la espiritualidad. Su equilibrio comienza a quebrarse cuando fuerzas externas amenazan con destruir sus antiguas creencias. Dos mundos
colisionan en la mirada de Clara Oscuro, destinada a convertirse en salvadora del pueblo, y Tenue López, emisario que encarna la amenaza de perder sus ancestrales raíces.
“Quería traer y compartir un poco de lo que aprendí afuera: arte de calidad y elevado, con nuevas ideas, para revolucionar lo que ya conocemos”
Nicolás Moreno Cibils
Vidrios rotos es una pieza más compleja. Sobre la música de Philip Glass —ese minimalista que hace de la repetición un mantra, uno de los compositores predilectos del director—, con coreografía de Nicolás Moreno y vestuario de Ronald Casco, los bailarines transitan el duelo. No solo el de la muerte física, advierte Nico, sino “el de un sueño, un trabajo, cualquier pérdida”. Verlos danzar es asistir a un funeral en el que los cuerpos se fracturan con elegancia: un viaje a ese lugar oscuro y, a la vez, bello por lo vulnerable.
La propuesta inmersiva (agua, telas que rozan al público, ruptura sistemática de la cuarta pared, música en vivo y el compartir el escenario con los intérpretes) va más allá de un tema estético; propone una ética, un manifiesto. UNico’s no quiere espectadores, sino cómplices de las emociones. “Nuestro quinto aniversario abre un umbral entre lo íntimo y lo imaginario”, anunció la compañía en sus redes sociales. Y es que, este 3 de mayo, los ya conocidos universos de Vidrios rotos y Trasdecer se unieron en una sola noche con la puesta Portales: una cita única en que las heridas se transformaron en belleza y lo invisible cobró forma. En esencia, un cruce entre lo vivido y lo que aún está por descubrirse.
“Volví a Paraguay porque me di cuenta de que no estaba completo. UNico’s ya es un sueño colectivo, lo que implica que también es una responsabilidad”
Nicolás Moreno Cibils

LA TIRANÍA DEL CUIDADO
Habría sido fácil caer en una estructura clásica, con el director como figura autoritaria y lejana. Pero cuando preguntamos por la dinámica interna, la respuesta de Nico es reveladora: “Tratamos de mantener las jerarquías, pero también la cercanía”. Habla desde la herida. Haber bailado en compañías le enseñó el nivel al que quería llegar, pero también lo que no quería repetir: la soledad del bailarín que se siente invisible, insuficiente.
Por eso, con Cristina Báez y Agustina Torres han construido un ecosistema de coaching, conversaciones privadas y una vulnerabilidad compartida que pocas veces se ve en esta disciplina históricamente autoritaria. “El artista es el vulnerable”, sentencia.
Aquí radica la verdadera originalidad de UNico’s: no en sus giros, sino en su trato. La idea es construir en comunidad, que lo que sienten y expresan el bailarín y los artistas invitados formen parte de la esencia de la puesta.
LA ELEGÍA PARAGUAYA
La entrevista alcanza su punto amargo cuando abordamos la fuga de talentos. Nico podría estar hoy en una compañía europea; de hecho, en 2024 hizo una gira con el Ballet Ruso. Sin embargo, regresó: “Volví a Paraguay porque me di cuenta de que no estaba completo. UNico’s ya es un sueño colectivo, lo que implica que también es una responsabilidad”.
Pero su regreso no es un cuento moral: es una acusación silenciosa. “La palabra redundante es apoyo monetario”, dice sin eufemismos. “El artista sigue siendo artista si se banca su situación. Y eso es injusto, porque solo una minoría puede bancarse”.
A cinco años de su fundación, UNico’s es una certeza. Han logrado lo que pocas compañías en el mundo: construir un lenguaje que no se deja clasificar; no es clásico ni contemporáneo, “es algo único”, como dice Nico y, al mismo tiempo, una casa. Los tres directores han entendido que la danza también es política del cuidado. Como bien lo dice su nombre, son únicos. Y en un mundo que aplasta la diferencia, esa es la más radical de las rebeldías.












