Mid-century sanctuary
Para quienes viven por la música
Un refugio de música y penumbra, una ampliación que se abre al jardín y una puesta en escena donde cada ladrillo, textura y objeto suena en armonía. Este espacio, pensado por Jorge Visconte y Osvaldo Lombardo para un músico y su familia, reinterpreta el legado del mid-century paraguayo desde la materialidad cruda y la escucha atenta.
Por Laura Ruiz Díaz. Fotografías: Javier Valdez.
Esta historia inicia, como casi siempre que hablamos de renovación, con una necesidad muy específica. La demanda, además de ganar metros cuadrados construidos, era sobre todo sensorial: un espacio para escucharmúsica, leer, estar; un lugar que fuera, antes que nada, una sala de estancia, pero también de audición, y que conviviera con los juguetes de una niña de 5 años.

El punto de partida fue el paisaje. La casa terminaba ahí y lo más valioso era lo que ya existía: árboles, jardín, luz de tarde. Así que la jugada maestra fue abrirse hacia fuera con una ventana de leve inclinación —un gesto que los arquitectos llaman abocinado— que terminó marcando los lineamientos de todo el diseño. A partir de ese detalle, el proyecto creció hacia los costados e incorporó vitrales que tamizan la luz en amarillos y verdes, y una paleta que no compite con la naturaleza, sino que la acompaña.

El resultado es un santuario mid-century, sí, pero con los pies en la tierra paraguaya. Y literalmente: el piso es de cemento pulido, los ladrillos están vistos, las maderas son cálidas y no hay revestimientos que oculten la condición natural de los materiales. Cada superficie tiene una función acústica: las ranuras disipan el sonido, los almohadones lo absorben y los objetos metálicos se regularon al mínimo indispensable para evitar vibraciones no deseadas.
Creemos que, por más que lo intentemos, nosotros no podemos llegar a interpretar un 100 % lo que alguien necesita; hay un espacio para que se apropien y entren en sintonía con el sitio
Arq. Jorge Visconte
“Este es un espacio pensado a la manera de mitad del siglo pasado”, describe el arquitecto Jorge Visconte, que lideró el proyecto junto a su colega y socio Osvaldo Lombardo en el estudio Indarq. La idea era rescatar las expresiones locales del movimiento mid-century.
El diseño de cada uno de los elementos y las obras de arte son de autores paraguayos, y el objetivo de los arquitectos fue darle un giro autóctono. Las lámparas son una propuesta de autor de Canova Lab y las piezas artísticas llevan la firma de creadores como Carlo Spatuzza, Edith Jiménez, Carlos Colombino y un grabado del arquitecto Jorge Visconte.
El proceso de trabajo de Indarq tiene dos aristas fundamentales: por un lado, la cuestión poética y la fenoménica, que priorizan la experiencia humana y las emociones por encima de la mera utilidad; pero la primera se centra en el simbolismo y la expresión, y la otra en la percepción sensorial. Por otro lado, la parte técnica y constructiva. “Ante todo, nos definimos como un estudio constructor”, afirman.

Como en cada escenario, las obras son abiertas. “Debe quedar un margen para que el usuario intervenga el lugar. Creemos que, por más que lo intentemos, nosotros no podemos llegar a interpretar un 100 % lo que alguien necesita; hay un espacio para que se apropien y entren en sintonía con el sitio”, reivindica Visconte para finalizar.

El espacio está estructurado en torno al disfrute de la música analógica y eleva los componentes técnicos a la categoría de objetos decorativos. Cada una de las sillas que incluye este diseño trae una reminiscencia de otra época, uno de los objetivos principales de los arquitectos, para consolidar la estética retro de la propuesta.




