Vestir el cine nacional
La identidad visual de la gran pantalla paraguaya
En la sala de proyección, previamente a que la luz de la sala se apague por completo, el espectador firma un pacto de fe ciega con la pantalla. Antes de la primera línea del guión, el personaje ya habla en un código silencioso pero universal: el del vestuario. En un cine joven y en plena expansión como el nuestro, esta voz identitaria se moldea en las manos de creadoras excepcionales. En esta nota, conversamos con Lía González, Belén Fretes, Monse Benítez Cuevas y Tania Simbrón, las artistas que están construyendo la biografía visual de las grandes producciones paraguayas.
Por décadas, el público local asistió al cine a mirarse en espejos prestados. Consumíamos la estética de la sofisticación europea, el desencanto norteamericano y las dinámicas urbanas de los países vecinos. El peligro silencioso de esa asimetría cultural no radicaba en lo que veíamos, sino en lo que no veíamos: la propia cotidianidad, nuestros rostros y nuestra manera de habitar la moda.
En el entramado cinematográfico, la ropa jamás es un elemento puramente decorativo o utilitario. Es estatus sociopolítico, clima de una época, síntoma psicológico, reflejo de un sueño frustrado o ambición desmedida. Pero, sobre todo, es un agente modelador de la realidad, un factor sociocultural innegable en la retroalimentación entre pantalla y calle.
Por eso, en un país con una cinematografía joven y pujante como Paraguay, el rol de estas diseñadoras adquiere una dimensión política y fundacional. Al elegir una camisa, desgastar un pantalón o rescatar un tejido tradicional, Tania Simbrón, Belén Fretes, Monse Benítez Cuevas y Lía González dictan las primeras líneas de nuestra autobiografía visual. Nos están enseñando, toma a toma y corte a corte, a reconocernos en nuestra propia piel.
UNA INDUSTRIA EN CONSTRUCCIÓN
Al reunir las voces de estas profesionales, el diagnóstico del estado del cine paraguayo actual es unánime: creció exponencialmente en talento humano y reconocimiento internacional, pero las estructuras
económicas e institucionales siguen operando bajo lógicas precarias. Uno de los muros más complejos con los que chocan diariamente es la falta de un circuito formal de préstamo de indumentaria, un eslabón básico en cualquier industria cinematográfica desarrollada.
En el contexto de la producción local, Belén acuñó una verdad que define la idiosincrasia de nuestro cine: “El vestuario aquí es un continuo salvar la situación, ver cómo solucionar. Es una profesión de encontrar cosas”. A falta de presupuestos, la creatividad de las audiovisualistas paraguayas fue templada en el fuego de las emergencias de rodaje y dejó una bitácora de anécdotas que demuestran su asombrosa capacidad de reacción.
“El ego debe quedarse en la puerta. La historia es la reina. El vestuario tiene la capacidad de narrar incluso cuando nadie habla. Que quede grabado en la mente y el corazón de todos: no es solo ropa”
Tania Simbrón
Por su parte, a Tania, como fundadora de la Academia de Cine del Paraguay, le preocupa el destino de los textiles tras los rodajes y urge a crear las políticas de conservación y memoria necesarias para escribir la historia de nuestra filmografía nacional.
A las nuevas generaciones de diseñadores que observan el cine y desean incursionar en sus filas, las entrevistadas ofrecen un panorama desprovisto de romanticismos ingenuos, pero cargado de una mística inquebrantable: “El ego debe quedarse en la puerta. La historia es la reina. El vestuario tiene la capacidad de narrar incluso cuando nadie habla. Que quede grabado en la mente y el corazón de todos: no es solo ropa”, agrega Simbrón.
Cabe destacar que todo recorte deja inevitablemente fuera a muchas figuras fundamentales de la disciplina. En este mapa en constante crecimiento, existen referentes clave como Amancay Stumpfs —cineasta, realizadora y artista audiovisual paraguaya que, lamentablemente, falleció a la temprana edad de 28 años, en 2024—. Sin embargo, esta nota se erige también en su memoria, bajo la firme convicción de que cada uno de sus aportes ha sido invaluable para tejer la historia de nuestra visualidad.
Al final de la jornada, cuando las luces de las salas se encienden y bajan los créditos, queda una certeza absoluta: vestir el cine nacional es un acto fundacional de amor por el arte y la memoria colectiva. En un Paraguay que apenas va despertando al milagro de reconocer su propio rostro, sus dolores y alegrías en la gran pantalla, el vestuario es un paso firme hacia el encuentro definitivo con la identidad.

