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Sharenting

La sobreexposición de fotos de los hijos en redes sociales

Se dice que 8 de cada 10 niños tienen alguna foto en redes sociales, y esto se debe probablemente al “sharenting”. Esta palabra define el fenómeno de que los padres publiquen fotos de sus propios hijos en internet, una tendencia casi compulsiva a nivel mundial.

El sharenting —conformada por las palabras share (compartir) y parenting (paternidad)— lleva a la sobreexposición de los niños. Implica subir fotos de estos todo el tiempo y de todo lo que hace: su rutina, a dónde va y hasta qué come o cómo duerme.

Este es uno de los temas de los que nos cuesta hablar sin sentirnos involucrados o culpables, porque todos, en algún momento, hemos subido fotos de nuestros hijos en alguna red social.

El “black mirror” en el que no nos queremos ver

Este es uno de los temas de los que nos cuesta hablar sin sentirnos involucrados o culpables, porque todos, en algún momento, hemos subido fotos de nuestros hijos en alguna red social; y muchas veces no somos conscientes de que los estamos exponiendo ni consideramos que lo hacemos sin su aprobación. Subir contenido a las redes marca una huella digital que va construyendo una identidad imborrable, y con ella viene una reputación. Tenemos que pensar más de dos veces antes de sucumbir a la tentación de compartir algo que consideramos simpático, o hasta vergonzoso, para quien ahora es un niño, pero que en el futuro será un adolescente que pueda ver y recriminar esa publicación, o dejar de confiar en nuestro criterio.

En algunos casos se puede hablar hasta de la violación de sus derechos a la intimidad y a la protección de su identidad.

Todos sabemos de los peligros que existen en internet: grooming, pérdida de la privacidad, fraudes, ciberbullying, entre otros. Asimismo, debemos saber que una vez que subimos algo a internet eso pasa ya a ser público, por más de que nuestras cuentas sean privadas o estén configuradas para que la vean solo un reducido grupo de personas. Basta con que uno de esos amigos haga una captura de pantalla y la comparta, para que al instante se convierta en un meme o en un sticker de WhatsApp.

Puede suceder fácilmente y en algunos casos puede llegar a extremos, como sucedió hace unos días con la captura de pantalla de un video donde aparece una niña disfrazada de un personaje mitológico. La imagen recorrió todas las redes, y fue necesario abrir una investigación del Ministerio Público por la utilización de la imagen de la niña (de tan solo tres años de edad) para publicitar un motel.

La identidad digital no es igual a la identidad física

La reputación de la identidad digital de los hijos se construye con el tiempo y depende de los padres cuidar todos los aspectos que la constituyen tempranamente en la vida. Más adelante, cuando ellos acceden a su celular, la conducta que tengan con respecto a la exposición de su imagen y de su vida, de su pudor y de su intimidad, también va a depender de cómo nosotros hemos actuado cuando ellos eran pequeños.

El niño puede llegar a desarrollar una aversión a las fotos o a su imagen, creando un autoconcepto errado de sí mismo a partir de un criterio arbitrario acerca de qué publicaciones eligen subir.

Si desde chicos les hacemos sentir importantes en la medida en que hagan una “puesta en escena” para el público de las redes sociales, y el niño sienta que esa es la situación en la que es visible para sus padres (en especial para su madre, ya que en ocasiones somos nosotras quienes más subimos fotos suyas), el niño puede llegar a sentirse utilizado. Incluso puede llegar a desarrollar una aversión a las fotos o a su imagen, creando un autoconcepto errado de sí mismo a partir de un criterio arbitrario acerca de qué publicaciones eligen subir (en comparación con las que “no importan”).

También se puede dar la otra cara de la moneda: pueden desarrollar una personalidad egocéntrica y narcisista de la cual dependan su seguridad y autoestima; este es un condicionamiento que puede derivar en depresión o trastornos alimenticios —en la medida en que dicha imagen no pueda ser sostenible o que no alcance los parámetros de belleza que considere necesarios para sentirse querido o aceptado por el “público”—.

¿Cómo evitarlo?

Antes de compartir alguna foto de nuestros hijos, tenemos que hacernos las siguientes interrogantes: ¿dónde la publicamos?; ¿cuáles son las políticas de privacidad de la plataforma?; ¿quiénes pueden ver el contenido?; ¿estamos teniendo en cuenta los derechos de nuestros hijos?; ¿esta imagen podría causarle vergüenza el día de mañana?; ¿es necesario que otros la vean?

También se aconseja no poner fotos de perfil con los hijos en ninguna plataforma, ya que ese perfil es público. Además, en lo posible, debemos bloquear álbumes donde aparezcan los niños para que solo nosotros podamos verlos.

Y por supuesto, nunca debemos subir fotos suyas con poca ropa o con el uniforme del colegio, ni activar la función de geolocalización en las publicaciones o muestrar los lugares adonde concurre para otras actividades.

Si podemos asegurar estos puntos, vamos a evitar caer en la tentación de sobreexponer a nuestros hijos.

Si tenés alguna duda, podés contactar con la Lic. Gabriela Casco Bachem a gabrielacascob@hotmail.com.
COMENTARIOS
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    Juan

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    Muy buen artículo. Y eso que no se habla de los pederastas y la pornografía infantil. El verdadero riesgo para niños y niñas
    Las fotos casi pornograficas que encontramos en las redes para satisfacer el narcisismo de los padres es un riesgo no calculado o nadie quiere saber de eso

    27 agosto 2020
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    Andrea

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    Excelente, Gracias Lic. Gabriela por demostrarnos la otra cara de la moneda.
    En mi experiencia como madre soy de las que opta por dejar que los niños salgan al patio para hacer brillar su imaginación, si nosotros como adultos sabemos mirar la inocencia de los niños sabremos que es dulce y divertida.
    El celular y el Internet es una mala influencia en todos los sentidos, son una pérdida de tiempo y nos aleja de nuestro propio mundo real.
    Gracias Highclass, gracias Lic. Excelente artículo.

    27 agosto 2020
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    Romina

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    Exelente artículo. Lastimosamente hemos llegado a este punto de sobreexponer a los niños de forma inconsciente hasta consciente diria yo, no vemos el grado de riesgo que existe exhibiendo a nuestros niños asi en internet. Ojalá tomemos conciencia todos.

    27 agosto 2020
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