Image Alt
 • Actualidad  • Features  • Tania Domaniczky

Tania Domaniczky

Sobre maternidad, resiliencia y nuevas sonrisas

Hay mucho que decir sobre ella y, recientemente, la maternidad se sumó a la lista. Modelo, empresaria, conductora de televisión, asesora de bienes raíces y un largo etcétera. Para Tania, convertirse en madre fue, además de un deseo puro y genuino que nació del fondo de su corazón, una decisión que tomó hace tiempo y consiguió a través de cambios en su estilo de vida. Hoy, luego de pasar ya tantas situaciones con Maxi y Mía, sus pequeños, nos relata —entre sonrisas de satisfacción— la experiencia de sus dos embarazos; el primero, con una enfermedad de por medio, y el segundo, en pleno proceso de tratamiento.

Los tres llegaron al estudio fotográfico de nuestra editorial para ser protagonistas de High Class Mayo. La propuesta de moda en esta producción fotográfica era evocar el lujo silencioso mezclado con la perspectiva de una supermamá, y quién mejor para personificar ese concepto que Tania. Así, la vemos por primera vez en un medio impreso, plena en su faceta de madre-modelo, con otros protagonistas que se cuelan en cada cuadro: Maxi y Mía.

Aunque al principio costó que ambos se acostumbraran a la visión de tantas personas juntas entre cuatro paredes, pronto quedaron embelesados por las poses de su mamá en el centro de todo (las siguientes fotos son prueba de ello). Cuando por fin les llegó el turno de pasar ante la cámara con Tania, aprovechamos para charlar de todo un poco. Descubrimos que a Maxi le gusta bailar y que Mía ya está empezando a emitir sonidos por aquí y allá.

Al preguntar cuál es el aspecto que más disfruta de la maternidad, Tania no pudo menos que resumir su emoción en cuatro letras: “Todo”. Esta palabra dio génesis a su relato: “No podía tener hijos y oré mucho tiempo. Seguí un tratamiento para embarazarme que, increíblemente, consistió en dormir y alimentarme mejor”. Hoy descansa poco más de cuatro horas, pero lo hace agradecida por la vida de sus hijos.

Este año está por entrar a los 40, pero al pasar los 35, las personas alrededor de ella le insistían con que buscara un embarazo. Sin embargo, para Tania las imposiciones acerca de cuándo, cómo, dónde y si debe procrear una mujer corresponden a otro siglo. “Lo mejor del mundo es cuando una persona elige su momento, aunque a algunas no les es posible. Si se da, ¡regio, genial! Si no, también. Puede ser hermoso convertirse en mamá en la juventud, mi hermana lo fue; pero también me parece fantástico hacerlo de grande, porque ya conseguiste todo lo que querías, y esto sería la cerecita de la torta”, opina.

Puede ser hermoso convertirse en mamá en la juventud, mi hermana lo fue; pero también me parece fantástico hacerlo de grande, porque ya conseguiste todo lo que querías, y esto sería la cerecita de la torta

Ella, por su parte, siente que todavía le quedan cosas por hacer. Pero en su proyecto de vida, convertirse en madre fue una determinación asumida a cuenta propia. Nos contó que, luego del tratamiento, llegó su primer embarazo, al que consideró desde el inicio como un regalo divino: su parto fue rápido y sin mayores complicaciones. Maxi había llegado al mundo.

Todo eran sueños y metas hasta el segundo día de vida, cuando los médicos le diagnosticaron una malrotación intestinal, anomalía que ocasiona que funcionen mal los intestinos, los cuales se retuercen y provocan obstrucciones. “Mi calvario empezó allí, me sacaron a mi hijo literalmente de los brazos, lo llevaron a hacerse estudios y luego a terapia”, recuerda Tania con la mirada puesta en él. Sus palabras dejan ver lo difícil que fue ese periodo, pero su voz nos muestra la dicha que siente ahora, mientras ve a su pequeño explorar el mundo y crecer con su hermana.“Al tercer día de vida, lo operaron —continúa su relato— y estuvo un mes en terapia intensiva, con altibajos. Podía visitarlo tres veces al día, pero en ocasiones eran menos porque, cuando me acercaba, los médicos me recibían con un: ‘Señora, no puede entrar porque su hijo está en un procedimiento’. Incluso, hubo momentos en que me dijeron: ‘No sabemos si va a pasar la noche’”.

Tania nos cuenta que Maxi tiene dos cicatrices, una a cada lado del abdomen. La primera es de la operación para corregir la malrotación intestinal, y la otra, de una colostomía, procedimiento a través del cual se une el colon a la pared estomacal mientras se efectúa el tratamiento para otras afecciones. “Le hicieron las cirugías para poder salir de terapia, recién unas semanas antes del primer año tuvo el cierre de su colostomía. En ese proceso, cuando Maxi tenía seis meses, me enteré de que estaba llegando al primer trimestre de mi segundo embarazo”, comparte.

Ahí fue cuando Mía apareció en su vida. La exmiss fue a consultar y los médicos le dieron la noticia de que corría riesgo de pérdida, pues tuvo un desprendimiento y la bebé se sostenía solo en un 20 %. “Me recomendaron acostarme y no moverme para nada. Fue un balde de agua fría, lloré muchísimo porque ella estaba por caerse y me había enterado recién. Además, Maxi todavía debía operarse. Ambos me necesitaban mucho y lloré, lloré hasta que vino mi mamá y me reconfortó”, narra.

Luego de los cuidados, el embarazo con Mía se sintió fabuloso. Ella es una nena fuerte y vigorosa, con mucha energía

Y es que hay un detalle importantísimo del entorno familiar de Tania, que no solo está compuesto por muchas personas, sino que la mayoría son mujeres; su madre, sus abuelas materna y paterna, sus hermanas y sus primas, todas forman una red de contención que la sostuvo desde el primer minuto. Esta fortaleza se percibe en su relato y en la llama de resiliencia que se enciende en su mirada cuando nos habla al respecto. A ella no se le quiebra la voz, sino que se le hace más firme: “Luego de los cuidados, el embarazo con Mía se sintió fabuloso. Ella es una nena fuerte y vigorosa, con mucha energía”, confiesa.

DESDE SU PLATAFORMA

Maxi y Mía se llevan solo 14 meses y pudimos atestiguar que los une un lazo muy fuerte, reforzado por el cariño materno de Tania. Además de la familia que la animó, Tania también encontró un importante aliento en las madres y los padres que conforman la Asociación de Ostomizados del Paraguay. “El doctor Amadeo Zanotti me habló de esta articulación antes de salir del sanatorio, una vez que se le practicó la colostomía a Maxi. Con mi hijo, estaba usando una técnica de higienización que me había mostrado una de las mamis de Asosdelpa, pero luego enviaron a una voluntaria que me asesoró y me enseñó mucho más”, narra Tania y agrega que “la organización nos proveyó del conocimiento y también de algunos insumos”.

El trabajo de Asosdelpa consiste en brindar apoyo a niños, niñas, adolescentes y adultos de cualquier edad que se hayan sometido a una ostomía, sea cual sea el motivo del procedimiento. Esta organización provee insumos a quienes los necesiten, de acuerdo con su situación, ya que hay pacientes que requieren más productos de higiene y cuidado que otros debido a la índole de su cirugía.

“Hay muchísimos tipos de ostomías y razones para ellas, pero me parece que lo importante es visibilizar lo que vive y sufre una persona que se debe realizar esta práctica quirúrgica, porque no solo hablamos del desgaste físico y monetario, sino también todo lo que implica para la familia, que debe cambiar profundamente sus hábitos”, explica la empresaria. Tania, así como muchas otras mamás, debió aprender también la manera de cuidarlo.

Tal como a varias familias que vivieron o viven lo que implica una ostomía, Maxi y su mamá tropezaron con la realidad de una escasa atención estatal y costos elevados. En una ocasión, nos confía la modelo, estaban a punto de recibir una donación de insumos para el cuidado de pequeños y grandes que conviven con este tratamiento. Sin embargo, debido a cuestiones burocráticas, no la pudieron utilizar. “Mi hijo no estaba inscrito en el Ministerio de Salud como bebé ostomizado, no lo había hecho porque nosotros podíamos pagar el tratamiento en su mayoría y no quería quitar el lugar a otro niño, pero lastimosamente no pudimos retirar el envío por ese motivo”.

Creo que gracias a Dios, esa fuerza salió de lo profundo de mi corazón y de otras mamás, compañeras y voluntarias que pudimos sostener a nuestros hijos de una manera supersaludable

Finalmente, Tania y su familia quieren ser portavoces de esta causa para difundir conciencia al respecto y procurar, juntos, una mejor calidad de vida durante el tratamiento de las personas ostomizadas. En este momento, sus hijos, su mensaje y su trabajo ocupan todo su tiempo, por lo que no da cabida a la negatividad. “Mucha gente me preguntó por qué tardé tanto en contar que ya había nacido Maxi, pero no saben lo que vivimos en los primeros meses; también cuestionaron por qué no revelé tempranamente mi segundo embarazo, y es que no conocen el proceso que pasé”, dice con una energía de despreocupación.

Y es que Tania se encuentra más agradecida con las madres que conoció en el camino y el apoyo que le brindaron. “Creo que gracias a Dios, esa fuerza salió de lo profundo de mi corazón y el de otras mamás, compañeras y voluntarias que pudimos sostener a nuestros hijos de una manera supersaludable. Nos tendimos la mano cuando estábamos pasando por la misma situación. Por eso creo que la mujer paraguaya es demasiado solidaria, yo tuve muchas manos y brazos para ayudarme”.

POSTEAR UN COMENTARIO