Mina Fleischman
La anfitriona perfecta
Apasionada del diseño, diseñadora industrial, creadora de espacios y experiencias, emprendedora y mamá. Mina nos abrió las puertas de Fork para contarnos su historia y el secreto detrás de su universo: una tienda que es galería, un hogar que es inspiración y una cabeza que nunca deja de viajar. Conversamos sobre abuelas francesas, ollas Staub con vori vori y la importancia del objeto correcto. Polifacética y singular, ella nos invita a descubrir su mundo.
Hay un instante previo a la cena en que la mesa tiene al mundo en suspenso. Los platos aún no han sido profanados por el apetito, las velas dudan sobre el cristal y los cubiertos trazan una caligrafía de espera. Todo se ve perfecto. Pero la escena recién se completa con la salsa en el mantel, las risas y los chistes familiares. Mina Fleischman lo aprendió en sus inicios, y esa es la filosofía que pone a prueba en Fork, el espacio que creó hace 10 años junto a su esposo, José Sartorio.
Su historia no comienza en un showroom ni en una feria de diseño, sino en la infancia. “La casa de mi abuela era como una película. Ella nació en Francia y tenía un estilo francés marcadísimo. Lo increíble estaba en los detalles: la mesa siempre bien puesta y, de fondo, el jazz de mi abuelo a todo volumen que se mezclaba con el griterío de los primos”, recuerda emocionada. “Con mis primos nos sentábamos y había tantos cubiertos que no sabíamos para qué servía cada uno. La mesa era grande, elegante y siempre estaba preparada con todos los detalles: bandeja de quesos, fuentes grandes, mantel y vajilla especial —en un día cualquiera— para esperar a quien quiera venir”, rememora. Ese ritual de recibir, de compartir alrededor de algo bien presentado, fue su primera escuela de diseño.
Sus padres vinieron a Paraguay con dos hijos pequeños y una en camino: Mina. “De ellos heredé, sin duda, la curiosidad y la valentía de no quedarse quietos”, nos comparte. Hoy, junto a su socio en la vida y el riesgo, son padres de Viggo y Erin. “Si tuviera que definirme, me gustaría que me presentaran como una madre que se anima a seguir sus sueños”, dice con una sonrisa cómplice.
EL MOMENTO FORK
José y Mina soñaban con crear algo propio. Al principio, coqueteaban con el mundo textil; pero el destino, como suele hacer, los interrumpió. “Visitamos una exhibición de arte donde se intervenían espacios del hogar con objetos cotidianos transformados en piezas extraordinarias. Fue uno de esos momentos que quedan grabados. Nos miramos y entendimos los dos lo mismo: ‘Es esto’”, expresa.
Así nació Fork, en 2016, con el propósito de convertirse en una galería para lo utilitario. Esa es la clave de su curaduría. Mina sostiene: “La línea se traza si un objeto tiene algo que contar: una historia detrás, un porqué, una intención. Cuando deja de ser simplemente un elemento funcional para transmitir también una idea, una emoción o un momento”.
Un ejemplo es el mítico Juicy Salif de Philippe Starck para Alessi. “Es, en esencia, un exprimidor; pero lo que lo vuelve extraordinario es la historia detrás de su creación”, explica Mina. Según cuenta el propio Starck, la inspiración surgió mientras comía calamares y necesitaba exprimir limón sobre ellos: la forma del producto fue el resultado de un ejercicio mental y un dibujo espontáneo en una servilleta.

LA MIRADA EXPERTA
Mina se define como “curadora intuitiva al 100 %. Es como cuando escuchás una canción y encaja perfecta, o como una pintura. El secreto es ‘buscar’ constantemente —viajar, conocer, ver qué hay de nuevo—, al final algo me encuentra”, desarrolla.
Hoy, ese universo de curaduría intuitiva ha hallado su lugar en DelSol Shopping & Lifestyle, donde Fork se despliega como un catálogo vivo de diseño y calidad. En sus estantes conviven nombres que son instituciones del diseño y la funcionalidad, como la vanguardia de Alessi y Bugatti, la precisión de Zwilling y el alma experta de Boska, Ooni y Nordic Ware. Cada rincón es una invitación a descubrir piezas de Portmeirion o Le Cadeaux, marcas que Mina fue seleccionando a lo largo de los años con un solo objetivo: transformar lo cotidiano en un evento extraordinario.
El último flechazo fue con Printworks, una empresa de juegos y álbumes de fotos con alma de diseño. “Ya teníamos cerradas las marcas que habíamos proyectado incorporar, pero fue amor a primera vista y los planes cambiaron”, confiesa. Ese ritual de recibir, de compartir alrededor de algo bien presentado, fue su primera escuela de diseño.
MAMÁ Y CAOS FELIZ
Quizás lo más conmovedor de la conversación llega cuando Mina habla de la maternidad. “Ser mamá me volvió mucho más consciente del verdadero valor de los momentos cotidianos, del compartir. Hoy todo pasa por la vida real: las comidas en casa, el caos, los instantes simples y cómo los objetos acompañan todo eso. Desde un desayuno caótico pero lleno de amor hasta una mesa linda sin necesidad de que sea perfecta”, reivindica. Sus hijos son su razón de ser: “Ellos me recuerdan todo el tiempo qué es lo importante”.
Mientras se acerca el Día de la Madre, Fork prepara combos de pastas, vinos, café y asado, además de obsequios sorpresa por compras. Pero el verdadero regalo —nos dice con esa mezcla de elegancia y cercanía que la define— es recordarnos que la mesa sigue siendo el centro de todo. Su mirada es la de una mujer que observa vidas y elige, pieza por pieza, cómo hacerlas más bellas. Su experiencia le enseñó que el lujo real no es lo que se compra, sino lo que se comparte. Y alrededor de una mesa bien puesta, siempre habrá espacio para un cubierto más.
Ese ritual de recibir, de compartir alrededor de algo bien presentado, fue su primera escuela de diseño
Mina Fleischman





