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Subacuática

Una experiencia teatral inmersiva

Esta obra tiene cuatro actores, pero cinco personajes. En una pileta de natación, nos sumergimos en una experiencia única en todo sentido dirigida por Fátima Fernández Centurión. Subacuática es diferente: tiene al agua como protagonista principal e interactúa con los reconocidos intérpretes de la escena nacional Andrea Quattrocchi, Lali González, Ato Gómez y Guada Lobo.

“Podemos decir que aunque cueste y a veces no duerma, me gusta mucho meterme en problemas”, comienza Fátima Fernández Centurión, actriz, gestora cultural, directora de teatro e investigadora. Ese afán por complicarse, desafiarse y romper con lo cotidiano es lo que la llevó a asumir la dirección de Subacuática, a estrenarse este 28 de febrero con seis únicas funciones en el Natatorio Escuela de Educación Física de las Fuerzas Armadas.

La historia nace de la novela homónima de la escritora argentina Melina Pogorelsky. En el 2024, Subacuática fue llevada al teatro en la cartelera bonaerense de la mano de Juana Viale, con dirección de Luciano Cáceres. La propuesta tuvo tanto éxito que permaneció en escena durante todo 2025. El primer acercamiento de Fátima fue a través de la impresión del productor Walter Riveros quien, luego de asistir a una función en la capital argentina, le entregó el texto y le comentó sus percepciones. “Yo decidí no ver esa versión. Creo que el libreto está muy bien escrito y nos da libertad para crear. Solo mantuve la pileta”, revela Fátima.

Como actriz y directora, lleva años en puestas no convencionales con el Grupo de Teatro Aéreo Nhi-Mu, desde el 2004, junto a Selva Fox. Ella considera que este es un factor crucial para materializar la idea de la nueva propuesta, ya que las performances con este conjunto teatral siempre combinan distintos elementos en producciones multidisciplinares.

“En cuanto a Subacuática, creo que siguen siendo grandes los desafíos, todavía no están todos superados. Nada que pensemos en piso es igual que en el agua, y viceversa. La distancia, las voces, el cansancio… La emoción misma se siente diferente”, cuenta.

CORPORALIDAD Y AGUA

Su experiencia como actriz y directora le enseñó a la directora que el cuerpo es tanto motor como vehículo de emocionalidad. “No creamos actuación a partir del concepto o de ideas, sino desde lo que sentimos”, explica. Por eso, la presencia del agua y su interacción con los actores es un elemento determinante para la obra, uno que la desmarca de los convencionalismos. “Es mucha exposición y, a la vez, algo tan grande que te contiene. Es una experiencia de dirección muy desafiante”, agrega.

En ese sentido, ella considera que eso se convierte en pro y contra a la vez, tanto dentro como fuera de escena. “No existe nada tan potente y suave a la vez como el agua. Es tan sencillo decir el clásico ‘fluí’, pero también es muy fácil ahogarse”, reflexiona.

Para los propósitos de Subacuática, el agua es la base de la obra, un soporte sin el cual no sería lo mismo. “Ayuda muchísimo, porque la historia trata de eso que te impulsa y al mismo tiempo te hunde”, anticipa. De por sí, Fátima cree que sus técnicas de dirección varían de acuerdo con la puesta en escena. Ella va sorteando los desafíos que se presentan a medida que aparecen, y lo hace adaptada a las herramientas que tenga. “Más allá del espacio, cada actor y cada relato te exige volver a poner en juego todo lo que sabés para crear una manera exclusiva para esa experiencia”, ahonda.

“No existe una fórmula para mí”, agrega. Igualmente, ella considera que fue de mucha ayuda haber trabajado ya con Guada Lobo, Andrea Quattrocchi y Lali González en otras puestas y, además, en el mundo audiovisual. “Hicimos un gran casting, ellos están tan dispuestos como yo. Buscamos constantemente la mejor forma de hacer las cosas y la comodidad. Es un gran elenco. También Florencia Boccia, mi asistente de dirección, es una excelente bailarina, actriz y persona con la que nos entendemos un montón”, señala. Durante la preparación, participaron los coaches de natación José Adorno y Rubén Rojas, quienes se encargaron de entrenar a los actores para desenvolverse en el agua.

CINCO PERSONAJES

Como ya mencionamos, esta historia se desarrolla enteramente dentro de una pileta. Los actores Andrea Quattrocchi, Lali González, Ato Gómez y Guada Lobo interactúan con el agua como si fuera un personaje más. Esto significa que, en lugar de solo cuatro roles, tenemos un quinto elemento que, si bien se mantiene verbalmente mudo, es el que se roba los reflectores.

Los cuatro actores de carne y hueso usan la palabra “desafío” para hablar de su quinta compañera. Ellos, al igual que sus personajes, aún se encuentran en plena exploración de los significados que trae el agua. A cada uno, este elemento le evoca algo diferente. Por ejemplo, Andrea no lo concibe como teatro técnicamente: “Es una experiencia inmersiva, una gran historia atravesada por una gran pileta. Nos amoldamos a un espacio totalmente diferente a la hora de actuar. Además, el escenario pasa a ser protagonista, y nosotros tratamos de encontrar su significado y simbolismo dentro del espíritu de la obra”.

Cuando piensa en los desafíos que impone el agua, sonríe porque son definitivamente varios: “El volumen, la temperatura, la respiración del nadador, el estado físico necesario, las limitaciones visuales del espectador, todo eso y conseguir emocionarnos y transmitir”.

Para ella, el agua, al estar en movimiento constante, es sinónimo de flujo, transición y libertad. “Nos conecta emocionalmente con los personajes y sus situaciones particulares, y tiene (como sustancia) sus dificultades prácticas que, a la vez, son hermosas”, indica.

Ato, por su parte, siente que es un vínculo aún en construcción. Él la ve como algo que sigue conociendo y explorando: “La pileta en sí es muy importante. La presencia de agua demanda respeto, pero también brinda sensaciones nuevas que me nutren como actor”.

Y es que él nunca practicó natación. Por eso, todo se siente nuevo y el reto más difícil es acostumbrar al cuerpo a un nuevo escenario. “El hecho de sentir la frustración de intentar algo nuevo y no conseguirlo me acercó mucho al personaje. Casi como un efecto espejo entre ambos”, relata. Él observa este elemento como algo que cambia el horizonte actoral y escénicamente. “El agua transforma la narrativa, el ritmo y la manera en la que se cuenta la historia. Yo, como actor, me siento distinto. Pienso que al espectador le va a pasar algo similar”, puntualiza.

Guada coincide en que el elemento es crucial para la construcción y el manejo de la puesta en escena: “Estamos en ese proceso de sentirla natural y fluir con lo que nos aporta sensorial y emocionalmente. Es desafiante y frustrante por momentos, pero también gratificante cuando logramos interactuar con ella”.

La actriz siente que los retos son principalmente físicos porque se demanda más del cuerpo, incluso para comunicar cosas al espectador. “Sostener el frío y el cuerpo en la pileta son los desafíos, además de encontrar la manera de manipular el eco dentro de los textos sin perder naturalidad y emoción”, explica. Ella lo vive como un genuino regalo: “Es algo más con lo que podemos trabajar para construir escena y actuación”.

Finalmente, para Lali la conexión fue un poco diferente, ya que a ella la remonta a sus primeros contactos con la natación a los seis años. “Sin duda fue una propuesta muy interesante porque siempre me gustó nadar. Hoy, tener al agua como compañera me parece desafiante y hermoso”, subraya.

El aroma del cloro la transporta directamente a su infancia y la sensación de la pileta la tranquiliza. “Me baja 10 cambios. Mi personaje tiene mucho que ver con la esperanza, la alegría, la risa, y el agua me lleva a esa época de mi vida: la niñez y la adolescencia, cuando todo era más fácil y sencillo”, asegura.

PERSPECTIVA Y ESPACIO

En nuestro país, la adaptación dirigida por Fátima contará con seis únicas funciones y aforo limitado para lograr una experiencia íntima con el público. Aquí, por el peso que imprime el agua en cada una de las acciones de los actores, se crea una especie de paradoja de cercanía o lejanía.

Por un lado, demanda un dominio escénico muy grande porque los actores no solo se encuentran alejados, sino que tienen la barrera física del agua pero, por el otro, el discurso intimista del texto hablado crea una atmósfera de proximidad emocional con el público.

Por eso, los actores piensan que el objetivo es transmitir la sensación que les da el agua. Lali, en principio, siente que esta obra es cálida aunque ocurra en una piscina. “Se me hace intimista, nos conecta desde otro lugar, pero siempre con la escénica del teatro”, opina.

“Particularmente, siento que el reto con un escenario acuático no está en la cercanía, sino lo contrario, estamos separados del público por grandes cantidades de agua, la meta es acercarnos”, menciona por su parte Andrea.

Ato coincide en que la cercanía física no influye directamente en su papel. “No trabajamos con la reacción inmediata, sino con la idea de que se sumerjan de a poco en la experiencia de conocer a fondo al personaje, para luego conectar”.

Para Guada, en cambio, la cercanía es precisamente más metafórica que física. “Si bien es una experiencia inmersiva, lo cercano y lo íntimo pasan por otro lugar. Aquí la pregunta es al revés: ¿Cómo logramos intimidad en un espacio tan expansivo?”, cierra.

MÁS INFO

Desde su estreno este 28 de febrero, las funciones serán los sábados y domingos de marzo a las 19.30 en el Natatorio Escuela de Educación Física de las Fuerzas Armadas, sobre la avenida General Santos esquina Marcos de Brix. Las entradas de Platea Alta tienen un costo de G. 115.000 y, en Platea Baja, G. 155.000. Se pueden adquirir a través de www.tuti.com.py. Para más información, contactar con el (0971) 898-400.

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