
Lia Colombino
Una perspectiva única
Desde temprana edad, fue testigo de una diversidad de lenguajes artísticos en su propia casa. Por un lado, su padre, el recordado Carlos Colombino, fue una figura vital para la gestión cultural en el país. Y su madre, Beatriz Chase, llenó el hogar de música, literatura, teatro y otras disciplinas. Es consciente de que este acceso al arte fue todo un privilegio en su infancia: “Recuerdo, en particular, a Goya, con sus pinturas tétricas como El coloso o Saturno devorando a su hijo. Mi padre no las censuraba en lo más mínimo, y eso me dio, desde chica, una visión muy particular”.
Esa perspectiva crítica, que Lia formó con el correr de los años, la llevó a convertirse en una voz activa en la gestión cultural, la museología y la curaduría. Actualmente se encuentra al frente del Museo de Arte Indígena del Centro de Artes Visuales/Museo de Barro, donde también forma parte del equipo de gestión. Además, es directora del Instituto Superior de Arte Dra. Olga Blinder de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Nacional de Asunción.
En esta ocasión, nos ofrece una reflexión necesaria acerca del cambio de paradigma de “lo femenino” y “lo masculino” que, también, se proyecta en la expresión creativa actual. Para ella, las grandes maestras del arte nacional son mujeres: “No es que se les haya otorgado lugar, sino que ellas mismas lo ocuparon”.
En este sentido, acota que la historia paraguaya en sí es un poco “excéntrica” ya que, si nos remontamos a la primera mitad del siglo XX, encontramos que la creación de raíz occidental se daba en un círculo casi exclusivamente masculino.

“Sin embargo, el arte popular se desarrolló siempre —y muy fuertemente— de la mano de las mujeres”, prosigue y detalla: “Ya en los 50, la irrupción de la modernidad en las expresiones visuales sí se dio de la mano de figuras femeninas claves como Josefina Plá, Olga Blinder y Edith Jiménez”. Desde ese momento, no hubo vuelta atrás.
Lia sostiene que se debe prestar especial atención a los lugares que ocupan nuestros talentos femeninos internacionalmente. “No es una coincidencia que las artistas invitadas a la curaduría general de Documenta, en Kassel, en 2012, o a la de la Bienal de Venecia, el año pasado, hayan sido dos ceramistas mujeres: Juana Marta Rodas (ya fallecida) y su hija, Julia Isídrez”, destaca.
Aunque este recorrido histórico tenga fuerte presencia femenina, todas las personas que se dedican a su vocación artística, sin distinción de género, enfrentan numerosos obstáculos. En sus palabras: “A nadie le es fácil llegar a ser artista. Y la profesionalización real es más difícil en este país”. No obstante, las mujeres suelen enfrentar limitaciones vinculadas con el género y, principalmente, con las asignaciones impuestas con base en este factor.

LA DIVERSIDAD COMO EJE
Al reflexionar sobre la cuestión de género y la presencia femenina en las artes, Lia hace una aclaración conceptual importante: “Para mí, ‘la mujer’ no existe. Existimos ‘las mujeres’ y, en ese sentido, hay tantas formas de serlo como personas hay”.
Para mí, ‘la mujer’ no existe. Existimos ‘las mujeres’ y, en ese sentido, hay tantas formas de serlo como personas hay
Lia Colombino
Por ende, no se puede englobar la curaduría, el coleccionismo, la crítica o la propia creación de arte en una “mirada femenina”, sino que cada persona encara estas actividades de acuerdo con su propia estructura. “Lo femenino, como una categoría clausurante de tematización, me parece que empobrece el escenario y corre el peligro de volverse un cliché. En todo caso, hay arte realizado por mujeres, que puede ser muy diverso y cuyos temas son tan variados como las sensibilidades a partir de las que trabajan”, analiza.
De esta manera, la diversidad se convierte en un punto central para mirar el panorama de las artes visuales. En este horizonte de pluralidades, Lia concibe el feminismo como un factor que debe cruzar todas las prácticas e interacciones.
“Me parece que es importante celebrar el hecho de que hoy haya una mayor diversidad de géneros y sensibilidades ocupando espacios de decisión y de representación —aunque las comunidades indígenas todavía están esperando estas cuestiones—. Obviamente, no como quisiera, pero sí que existe mayor heterogeneidad. Quizá la colectividad afro todavía necesite un espacio de inscripción más consolidado en la esfera pública”, finaliza.