Image Alt
 • Actualidad  • Salidas  • Casonas con alma

Casonas con alma

Una nueva movida gastronómica

En una Asunción que crece hacia lo alto, una tendencia mira a las raíces para encontrar el verdadero sentido de la exclusividad. Esta nueva movida gastronómica encontró su refugio en casonas de antaño: rescata fachadas históricas y jardines olvidados para convertirlos en santuarios del buen vivir. A través de este recorrido por tres establecimientos gourmet, invitamos a cruzar umbrales donde el diseño contemporáneo, la cocina de autor y la calidez del hogar se fusionan para crear experiencias que nutren el cuerpo y el alma.

Visitamos Patio Colonial, Casa Jazmín y Bliss Café & Food Bar Funcional; en este recorrido, descubrimos que la magia no reside solo en lo que llega al plato, sino en la atmósfera de calma y nostalgia que solo una arquitectura con historia puede ofrecer. Al habitar antiguas residencias y transformarlas en escenarios de vanguardia, estos proyectos demuestran que el verdadero lujo hoy reside en la pausa, la autenticidad de lo artesanal y en esa calidez inigualable que solo encontramos cuando nos sentimos, finalmente, como en casa.

Esta tendencia no solo recupera el valor de la arquitectura patrimonial, sino que redefine nuestra relación con la gastronomía, y fusiona lo tradicional con nuevos ingredientes y versiones. Al cruzar estos portales, el ruido de la ciudad se disuelve para dar paso a una intimidad recuperada. Cada detalle, desde la textura de la pared original hasta el murmullo de la fuente en el jardín, está pensado para detener el tiempo. Es una invitación a ser más que comensales: nos permite convertirnos en huéspedes de una Asunción que se redescubre a sí misma, y celebra su pasado con una mirada fresca, vibrante y profundamente acogedora.

PATIO COLONIAL

Un encuentro con la esencia paraguaya

En el corazón de una casona de los 80 se erige Patio Colonial. Aquí, la gastronomía y la cultura paraguaya se entrelazan para ofrecer algo más que una simple comida: una experiencia sensorial completa. A punto de cumplir su primer año este 27 de marzo, el restaurante no es solo un local gastronómico, sino un refugio que invita a volver a las raíces y a la calidez del hogar.

Hugo Barreto, propietario y alma detrás del proyecto, describe este espacio como una respuesta a una necesidad latente en Asunción: la de encontrar un lugar que responda con orgullo a la clásica pregunta de “¿a dónde llevo a una visita que viene de afuera?”. Barreto, un maratonista conocido en el ámbito deportivo por correr siempre con su inseparable sombrero piri —un detalle de identidad que incluso da nombre a uno de los tragos de autor de la casa—, buscó crear un ambiente en el que tanto el paraguayo como el extranjero pudieran conectar con la identidad local de manera auténtica. En sus propias palabras: “Patio Colonial nace de la necesidad de un local que tenga esencia paraguaya; donde pueda ir y sentirme como en casa; que me haga acordar a las visitas que hacía a lo de mis abuelos, cuando
comía rodeado de esa decoración de cerámica y cestería”.

Con sus pisos de época, marcos de aberturas originales y techos altos, la intervención de Barreto fue mínima. Se enfocó casi exclusivamente en la pintura y la ambientación para preservar el alma de la vivienda familiar que alguna vez fue. La decoración es un diálogo cuidadoso entre la artesanía popular y el mobiliario antiguo, piezas que Hugo fue seleccionando una a una en tiendas de antigüedades y
casas especializadas.

Desde las máscaras de timbó talladas a mano hasta los cuadros de paisajes locales y apliques de luz, cada detalle está pensado para que la experiencia sea envolvente. “Buscamos una experiencia sensorial completa; la música, lo visual de la decoración y el mobiliario te hacen sentir algo, y se combinan con la comida para que toda la vivencia sea coherente”, explica Barreto. Este enfoque convirtió a la casona en un centro cultural dinámico que no solo sirve platos, sino que alberga a las Noches coloniales los miércoles, con música paraguaya, shows de danza y eventos literarios que llegan a reunir a un centenar de personas bajo el mismo techo.

En cuanto a las opciones gastronómicas, Patio Colonial propone un ejercicio de equilibrio entre lo tradicional y lo contemporáneo, lo que Hugo denomina “sabor hogareño elevado a categoría gourmet”. Aquí, la cocina paraguaya se permite experimentar sin perder su esencia. Un ejemplo es su chipa guasu fusionada, que se aleja de lo convencional para ofrecer rellenos de osobuco, morcilla o camarones, en una exploración de nuevas texturas.

Sin embargo, el respeto por la técnica ancestral sigue siendo el pilar. Barreto destaca con especial orgullo la empanada de vaka akangue, cuya carne se cocina por 23 horas para emular la tradición del interior del país, donde la cabeza de vaca se prepara bajo tierra: “Queremos mantener la raíz paraguaya firme, con platos que nos hagan sentir como en las juntadas familiares de los domingos, con los abuelos, primos y toda la familia extensa”.

La carta se completa con una coctelería de autor que traduce los sabores tradicionales al lenguaje de la barra moderna. Destacan tragos como el Sombrero piri, con vermú, ron blanco y menta; el Karai Octubre, que incorpora la dulzura de la miel de caña; y el Jesuita, una mezcla de vino y jugo de naranja que rinde homenaje a la historia regional.

Para quienes visitan el local por primera vez y buscan la recomendación definitiva del anfitrión, Hugo sugiere un recorrido que inicia con una empanada de vaka akangue o una chipa guasu, continúa con el Fragmento del campo —un corte de tapa cuadril acompañado de un untuoso arroz kesu— y culmina con el toque nostálgico de un dulce de mamón o de batata con queso paraguayo, idealmente maridado con un buen vino tinto.

CASA JAZMÍN

Donde la magia y la cultura se encuentran

En el corazón del eje corporativo de Asunción, existe un refugio que desafía el ritmo acelerado de la ciudad a través del rescate de la memoria, el diseño y una hospitalidad que se siente propia. Casa Jazmín no es solo un restaurante o cafetería, es un proyecto que nació de un profundo respeto por la identidad paraguaya. Liderado por Diego Enrique y Sofía Castiñeira, una dupla que combina visión con sensibilidad artística local, este espacio abrió sus puertas tras un exitoso periodo de prueba el pasado mes de enero, tiempo en que recibió a muchas
personas gracias a la curiosidad de quienes buscan algo auténtico.

La historia de la casona es un testimonio de transformación: Diego, de origen chileno, y Sofía se propusieron recuperar la estructura y convertirla en un hogar abierto. Trabajaron junto a la interiorista María Pidal para dar vida a un lugar donde cada rincón tiene una razón de ser. “Buscamos reestructurar y transformar los elementos que ya estaban allí; cada objeto y cada lámpara tiene una historia de rescate detrás”, explica Diego.

Un pilar fundamental de Casa Jazmín es su enfoque de tributo a la mujer paraguaya, idea que se manifiesta con fuerza en su ambientación. En el jardín, una fuente imponente presenta a una figura femenina de pie con su cántaro, pieza que los dueños insistieron en crear para que no fuera la clásica efigie, sino una representación de fortaleza y elegancia.

Según Diego, el objetivo era que la mujer paraguaya llegara a un lugar donde se sintiera celebrada y femenina, y pudiera disfrutar de una noche de amigas con absoluta tranquilidad. Esta visión se traslada también a la estética del lugar, que cuenta con múltiples zonas diseñadas para ser capturadas en imágenes.

Desde un jacuzzi transformado en rincón lúdico para fotos hasta un balcón romántico custodiado por lunas de gran formato creadas por el artista Ito Guggiari, cada detalle busca emocionar. “Es una fusión de dos pensamientos creativos; cuidamos mucho la estética porque sabemos que a la gente le encanta registrar sus momentos, pero mantenemos la calidez de la casa de una abuela”, añade Sofía.

La propuesta culinaria invita a habitar la casa todo el día, desde el desayuno temprano hasta la coctelería de autor nocturna, sin interrupciones. La carta es un equilibrio que rescata sabores tradicionales y técnicas de alta cocina, en la que destacan especialmente los productos al tatakua, como sus famosas empanadas de carne cortada a cuchillo que se han vuelto las favoritas del público.

Entre los platos estrella están Kure Luque —un desayuno potente con bondiola de cerdo y aguacate—, asado a la olla con arroz kesu, y la costilla ancha, una pieza que se cocina a fuego lento por 12 horas hasta que se deshace al primer contacto. La barra también habla el idioma local a través del Rosalí, trago insignia de la casa que utiliza caña paraguaya de alta gama fusionada con licor de naranja, frutos rojos y un toque artesanal.

Diego confiesa que descubrir la riqueza del licor nacional fue una revelación: “Decidí adaptar mis recetas para balancearlas con nuestra caña, y hoy son los tragos más vendidos porque la gente reconoce su sabor, pero en una presentación completamente nueva”.

Con espacios que se adaptan a reuniones de trabajo, clubes de lectura y celebraciones privadas —incluso se organizan pedidas de mano con música en vivo y menús personalizados—, el proyecto sigue creciendo: planean sumar próximamente un salón dedicado a artesanos emergentes y un área de compras al paso en la entrada.

El deseo de los propietarios es que el visitante encuentre todo en un solo lugar: que viva la cultura, coma bien y se lleve un recuerdo auténtico. Entre las lunas instaladas en el balcón y el aroma de las flores que le dan nombre en el gran patio, Casa Jazmín demuestra que en la Asunción de hoy, la modernidad y las raíces más profundas pueden convivir bajo un mismo techo histórico, con una magia que se siente al entrar, desde el primer paso.

BLISS CAFÉ & FOOD BAR FUNCIONAL

Un manifiesto de bienestar

En una ciudad que no se detiene, Bliss Café & Food Bar Funcional emerge como santuario dedicado a la pausa y al cuidado propio. Instalado en una casona antigua que parece abrazar a quien la visita, este espacio inaugurado recientemente es la materialización de un propósito que Mónica Olmedo, propietaria y cocreadora, cultivó durante más de cinco años: demostrar que el placer de comer y el bienestar no recorren caminos separados.

Junto a Jazmín, jefa de cocina y socia creativa, Mónica dio vida a un concepto que prefiere alejarse de la etiqueta de “comida saludable” —muchas veces asociada a la restricción— para enfocarse en la alimentación funcional y el disfrute pleno. El nombre, que traduce un estado de dicha absoluta, resume perfectamente su filosofía de encontrar la alegría en comer de forma consciente, con ingredientes nobles que nutren sin sacrificar el sabor.

“Bliss es el propósito de unir el placer de comer con el sentirse bien. La propuesta es hallar la forma de integrar muchos ingredientes en el orden adecuado para cuidar el cuerpo, sin sentir que se hace dieta o se restringe”, explica Mónica sobre la esencia del lugar.

La elección de una construcción antigua para albergar el proyecto fue una decisión estratégica y emocional: buscaban un ambiente amoroso, desacelerado y acogedor, lejos del ruido de los centros comerciales. Con la ayuda de un estudio de arquitectura, modificaron una estructura que evocaba la calidez de la casa de una abuela, donde la cocina era menos industrial y más casera.

El diseño del espacio fue un proceso minucioso que buscó preservar la arquitectura original; se mantuvieron las texturas de las paredes y la distribución de los ambientes; integraron apenas un cerramiento de Blindex en la galería para proteger a los comensales del calor sin perder la conexión visual con el entorno. La casa cuenta con un salón principal, una galería luminosa y una huerta propia donde cultivan las flores comestibles y hierbas aromáticas que terminan en los platos.

Además, la casa integra un consultorio para profesionales de la salud, como psicólogos y nutricionistas, para que la transición a un estilo de vida mejor sea un proceso integrado, consciente y, sobre todo, libre de la frustración. “Queremos que la gente llegue y sienta que está entrando a la casa de su abuela, donde le van a cuidar y mimar”, señala Moni.

La carta de Bliss es un híbrido fascinante entre cocina mediterránea y nutrición funcional, con influencias de sabores de todo el mundo: desde el rastro egipcio del dukkah hasta el umami japonés, pasando por el toque especiado del curry. La cocina se caracteriza por un compromiso absoluto con lo artesanal: fabrican todo desde cero, la mostaza, los aderezos, las cremas de cacao y las leches vegetales de castañas de cajú. Este nivel de detalle permite que incluso platos que parecen convencionales, como un wrap o una empanada, tengan un perfil nutricional superior.

Entre las estrellas de la casa destacan justamente el wrap de mandioca y lomo, una innovación con la masa hecha puramente de yuca sin harinas agregadas, y sus versiones horneadas de clásicos paraguayos como el pajagua de surubí o de hongos, y los pastelitos mandi’o hechos con ghee, como se conoce a la manteca clarificada.

La propuesta se completa con una barra de especialidad y sus Alquimia Lattes antiinflamatorios, como el Cacao cósmico o el Ritual de cúrcuma, infusionado con leche de castañas artesanal. La carta de bebidas incluye también mocktails nutritivos hechos a partir de kéfir —una bebida probiótica fermentada— y jugos preparados al momento con aceites esenciales de grado terapéutico, para evitar la oxidación y potenciar el bienestar.

Bliss es también un centro de intercambio de conocimientos que ofrece talleres de flores, bordado, asesoría de moda y charlas de salud, lo que refuerza la idea de que los procesos reales llevan su tiempo. Su horario es de martes a domingos y el local invita a salir de la inmediatez, volver a lo esencial y promover una alimentación consciente que se disfruta con los cinco sentidos.

POSTEAR UN COMENTARIO