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Jorge Enciso

Vigilante del barro

La arcilla es vehículo y génesis de su inspiración. El proceso creativo del artista Jorge Enciso comienza con la contemplación de su material de trabajo. Él encuentra en la cerámica la posibilidad de cultivar la memoria y reivindicar nuestras tradiciones artesanales. Luego de haber viajado a São Paulo para exponer su serie Vigilia, conversamos con él sobre el estrecho vínculo que afianzó con el barro.

“Hacer cerámica implica obligatoriamente desacelerar, entrar a otro ritmo, otra dimensión, casi otro tiempo”, comienza Jorge Enciso. Su profesión principal es el derecho, pero encuentra en el barro una oportunidad introspectiva que no solo complementa su vida, sino que la expande.

Para el artista residente en Areguá, la cerámica es casi un espacio de resistencia ante la vorágine de preocupaciones cotidianas. Sus primeros recuerdos de esta técnica artesanal están precisamente ligados a la contemplación. “Los silencios aparecieron al tomar la arcilla y comenzar a moldearla. Esa tarea lenta, paciente, de días de trabajo, tan opuesta a la carrera laboral veloz del día a día de la ciudad… es una sensación a la que hasta hoy le doy mucho valor”, nos confiesa.

Jorge define su vínculo con el barro como muy profundo, pero a la vez diverso. Su lazo se fortalece en la atención y la calma que trae la labor manual. A la vez, siente que la arcilla lo domó. “Al contrario de un dibujo o pintura que se deja por días o semanas y luego se sigue el proceso, la cerámica te invita, obliga y urge a continuar y terminar el trabajo”, detalla.

Así se gesta un diálogo no verbal entre los átomos frescos del barro y las reflexiones que genera en Enciso. “A nivel emocional —o incluso espiritual— creo que es un vínculo más profundo que parte de la elección misma de la cerámica como medio de expresión, como materia en la que puedo volcar sentimientos, preguntas, sensaciones, amores, disgustos, historias. Creo que eso la vuelve maravillosa”, ahonda. En sus primeros acercamientos al proceso, un momento que lo marcó de manera crucial fue observar sus primeras piezas terminadas.

La salida del horno fue algo que esperó con una amalgama de incertidumbre y entusiasmo: “Verlas culminadas, luego de atravesar el fuego, fue otra sensación muy especial. En ese momento comprendí el cierre de un ciclo: del gesto inicial a la transformación, en un último acto que ya no dependía de mí. Desde entonces, entendí la cerámica como espera, transformación y aprendizaje continuo”.

UN REFLEJO DE ARCILLA

En el estudio contemplativo del barro, Jorge se encuentra con varios descubrimientos, tanto de sí mismo como de la historia colectiva a la que se siente conectado: “Uno de ellos fue darme cuenta de la tensión constante que existe en mí entre lo ancestral y lo colonial, lo de adentro y lo de afuera, ese lugar único que tenemos como paraguayos para contar al mundo. Desde aquí, la idea es comunicar un poco las historias de los que estuvieron siempre, de quienes ya no están y de los que aún estamos hoy”, reflexiona.

En el plano material, trabaja las técnicas de modelado manual por rollos, alisado y bruñido (pulido con piedras lisas); también realiza engobes y esgrafiado. Además, se siente libre de experimentar las posibilidades creativas de arcillas de diferentes orígenes, con acabados en líneas geométricas, por ejemplo.

“Obviamente, la técnica que desarrollé se basa en la confección de objetos utilitarios como cántaros, platos, vasijas de diferentes tipos. Además de ello, aprendí a hacer figuras de animales y personas con acabados geométricos. Paulatinamente, eso se transformó y ahora mis obras tienden a la abstracción. Busco la síntesis, lo que queda al desaparecer lo accesorio. Esto conlleva un proceso de creación diferente, porque ya no busco imitar lo que hay afuera sino sacar las formas de mi interior, me dejo llevar por la arcilla”, confiesa.

Con ese proceso creativo, estimula la memoria y la atrae hacia temas como el mestizaje, el territorio, la espiritualidad y la transformación. “Mis piezas buscan ser un pequeño gesto de resistencia en un mundo donde la velocidad amenaza con borrar las huellas”, cuenta.

Así nació Vigilia, una exposición individual que este artista protagonizó en la prestigiosa Galería Lesme de São Paulo, Brasil. Con la curaduría de Tiago Sant’Ana, la colección estuvo disponible desde setiembre de 2025 hasta el 18 de diciembre pasado, como un homenaje a la cerámica paraguaya y a la plasticidad que esta guarda de cara a la modernidad.

En realidad, Vigilia era el nombre específico de una de las piezas pero, finalmente, englobó perfectamente la muestra, porque el propio Jorge es una especie de centinela permanente del mensaje que transmite el barro. “La vigilia es ese acto de mantenerse despierto, vigilando, cuidando. La exposición trató de eso: de la espera y la atención; de un intento de conservar nuestra memoria y hablar sobre nosotros, de nuestra cultura, de lo que pasó, de lo que no se habla mucho, de los silencios internos y comunitarios”, reflexiona.

Su intención principal fue que cada una de sus piezas se convirtiera en recipiente y mensajera de historias. “En algunas lo hice literalmente. Escribí fragmentos de una traducción al guaraní paraguayo del Ayvu rapyta, un texto elaborado por el antropólogo León Cadogán, que está originalmente escrito en la variante del guaraní mbyá”, detalla.

Para su carrera como artista, esta exposición individual significó el inicio de un diálogo con el arte brasileño, en primer lugar, y con las expresiones contemporáneas también a nivel latinoamericano. Jorge resalta que el logro se siente con mayor profundidad porque la cerámica es un nexo que vincula fuertemente a Paraguay con Brasil.

“También a nivel simbólico representa mucho para mí porque, en mis obras, estoy trabajando la temática del mestizaje, la identidad, la resistencia y el territorio desde hace mucho tiempo. Y esta ha sido una manera de que el público brasileño reciba este mensaje nuestro, desde la cerámica”, añade.

Este último punto es crucial para comprender la narrativa estética y conceptual de nuestro entrevistado. Y es que precisamente él trabaja un concepto al que llama “cerámica híbrida. Como yo, es mestiza. Utiliza técnicas ancestrales unidas a las contemporáneas, sin jerarquías. Así llegamos a un punto de encuentro entre formas utilitarias indígenas que se reinterpretan a través de abstracciones contemporáneas y exploraciones conceptuales propias. Me interesa que mi obra sea un diálogo constante entre la memoria cultural y la experimentación presente”, comparte.

CENTINELA Y EXPLORADOR

El artista no duda en llamar a Julia Isídrez su “maestra fundamental” en esta disciplina. “De ella no solo aprendí el quehacer, sino la manera de trabajar y conversar con el barro. Su técnica parte de la tradición guaraní. En este sentido, en su casa taller y su contexto de la comunidad de Itá donde reside, el aprendizaje me marcó profundamente”, relata.

Además de su maestra formal, Jorge también menciona a dos nombres femeninos que tomó como referentes locales. En primer lugar se encuentra la propia madre de Julia: doña Juana Marta Rodas, de quien la artista y artesana iteña aprendió los saberes del barro. La segunda mujer de quien nos habla es la multifacética escritora y artista plástica Josefina Plá, en quien se inspiró para la técnica de acabado que hoy utiliza.

“También quisiera citar especialmente otra referente paraguaya, que no es ceramista pero cuya estética y temas me marcaron: Paz Encina, que a través del cine trabaja la memoria con ejercicios constantes y tiempos que casi riñen con la inmediatez actual”, agrega.

LOS ÚLTIMOS AÑOS

Desde 2021, la galerista Verónica Torres es testigo cercana de todo el proceso que da a luz las piezas de Jorge. Desde entonces, él se desenvuelve como artista exclusivo de su galería en Paraguay. “En este corto tiempo su evolución ha sido sorprendente: cada exposición supera a la anterior y, sin perder su identidad, plantea cambios significativos, técnicos y estéticos”, acota la especialista.

Ella destaca que la última innovación de Enciso fue un cambio en la paleta de colores que utiliza. “Esto le dio a sus cerámicas escultóricas un aura de objeto orgánico especialmente interesante, ya que se estaba inspirando en las tradiciones de medicina botánica que han pasado de su origen indígena a formar parte de la cultura paraguaya. Eso fue en noviembre, en el nuevo espacio que habilitamos y se llama Home Gallery”, expresa.

A criterio de Verónica, la alfarería —y más con el enfoque que le otorga Jorge— es un campo fértil para dar visibilidad a la narrativa cultural de nuestra tierra. “En el caso de Jorge Enciso yo diría que el secreto es la introspección, como ha señalado alguno de los críticos que han escrito sobre su obra. Por eso, aunque sus cerámicas escultóricas son abstractas, tienen mucho poder de significación”, declara.

Para finalizar, Vero recuerda la reciente declaración de la técnica del ñai’ũpo como Patrimonio Inmaterial en Peligro de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura): “Eso da relevancia al valor y la urgencia de su protección como conocimiento, técnica y expresión. Tanto la cerámica más tradicional como las propuestas contemporáneas son de gran calidad. Varios artistas están siendo reconocidos en el mercado internacional. De hecho, creo que la evolución de la alfarería empieza a posicionar no solo el trabajo de los artesanos populares, sino a todo el arte contemporáneo paraguayo en el ámbito internacional”.

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