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Cumbres borrascosas

Polémica, venganza y… ¿amor?

La nueva adaptación de Cumbres Borrascosas llegará a la pantalla grande este San Valentín de 2026, con dos de los rostros más aclamados de Hollywood: Margot Robbie y Jacob Elordi. Pero, además del revuelo que generó su polémico tráiler, la única novela de Emily Brontë —ya en su época— se ganó múltiples opiniones y de todas las índoles. Solo que la historia que hoy recordamos como romántica, en realidad, no lo era tanto.

En esta redacción no somos puristas. Entendemos que la literatura y el cine son dos artes con lenguajes totalmente diferentes, y que tienen que funcionar por sí mismos de manera independiente. Pero no podemos negar que el caso de Cumbres Borrascosas es interesante por mucho más que el magnetismo que puedan desplegar Jacob Elordi y Margot Robbie, juntos, en pantalla. Así que creemos inevitable hablar del libro y de las múltiples maneras en que la sociedad ve el amor entre dos de sus protagonistas: Catherine Earnshaw (luego Catherine Linton) y el ambivalente Heathcliff.

Esta historia apareció por primera vez en 1847, en la Inglaterra victoriana, bajo el seudónimo masculino de Ellis Bell. En realidad, era la pluma de Emily Brontë la que se encontraba tras esta obra excesivamente incendiaria para su tiempo. Ya el hecho de que fuera una mujer quien la escribió desafiaba convenciones literarias de la época, pero los temas que decidió tratar rompían aún más con el decoro y los cánones románticos: en Cumbres Borrascosas nos encontramos con un amor inconcluso y no realizado, sí, pero también con la figura de un hombre que hizo sufrir a todas y cada una de las personas de su alrededor —incluida su amada— en nombre de la venganza.

Con esto, Emily no pretendía crear un arquetipo de romance perfecto, como quizás algunos recuerden ahora, sino hablar de obsesiones destructivas y la violencia que nace del rechazo social. En este sentido, la obsesión de Heathcliff con Catherine —aunque mutua— no se traduce en un idilio apasionado, sino en una verdadera tormenta que destruye toda una generación familiar y marca profundamente a la siguiente.

Sobre la propia Emily —y la recordada Jane Austen— Virginia Woolf escribió en Una habitación propia: “Cuánto genio, cuánta integridad debieron haber necesitado —frente a todas las críticas y en medio de una sociedad puramente patriarcal— para seguir firmes en su visión de las cosas sin acobardarse”. Y es que Cumbres Borrascosas fue, desde el principio, una novela que no encajaba con los parámetros románticos de la época, precisamente por sus descripciones exhaustivas de manipulación y maltrato.

Pero si es una historia atravesada por la violencia de inicio a fin, ¿por qué pasó a la memoria colectiva como un romance que roba suspiros? Quizás por la forma idealizada en que Catherine ve a Heathcliff: “De lo que estén hechas nuestras almas, la suya y la mía son la misma”, es una de las frases más conocidas de la novela. Y en ella vemos de entrada que el amor que se tienen parte más del reflejo y el trauma que del deseo mutuo.

Recordemos en este punto que crecieron juntos, en el mismo hogar, pero con diferencias de clase y estatus que los separaban desde el nacimiento: ella era hija de los dueños de la propiedad llamada Cumbres Borrascosas, la malcriada y caprichosa niña de los Earnshaw. Mientras tanto, Heathcliff era un huérfano adoptado por el padre de familia que, luego de su muerte, recibió muchos maltratos y fue un trabajador de la residencia.

LA NUEVA VERSIÓN

La adaptación dirigida por Emerald Fennell nos plantea un escenario de claroscuros. Por un lado, el filme está firmado por la cineasta de Saltburn y Promising Young Woman, alguien que nos dio películas capaces de incomodar profundamente al espectador. Esta versión es hermosa en cuanto a vestuario e imagen, con una estética gótica que promete ser tan cautivadora como la anterior, protagonizada por Kaya Scodelario.

La presencia de Margot Robbie como Catherine Earnshaw nos adelanta una actuación prometedora que puede encarnar la fuerza y el ímpetu del personaje original. Incluso, los suaves pero seguros movimientos de Jacob Elordi en el tráiler anticipan un espectáculo visual increíble. Sin embargo, es este mismo punto el que también recibió críticas porque él no encaja con la descripción que hace Emily Brontë de su protagonista y antihéroe.

Las características del personaje del libro nos muestran a un hombre de piel oscura (dark-skinned, según palabras de Brontë), ojos y cabello profundamente negros, un huérfano cuya exclusión social se convierte en el motor de su odio. Elordi, a pesar de su innegable talento, en ese contexto parece una pieza de whitewashing que pretende minimizar la carga política del discurso de Emily. Al convertir a Heathcliff en un interés amoroso convencional, corremos el riesgo de que se suavice su monstruosidad para hacerlo comercialmente digerible y pierda totalmente la crítica de Brontë.

¿HÉROE?

Para seguir analizando la figura de Heathcliff, es importante hablar del concepto de héroe byroniano, un arquetipo que toma su nombre del poeta Lord Byron. Se podría decir, no obstante, que Emily Brontë elevó esta idea a su máxima y más peligrosa expresión.

Este tipo de personaje no es el héroe bondadoso que rescata a la princesa. Al contrario, es un hombre inteligente y profundamente magnético, marcado por un pasado traumático, un rechazo o una melancolía que lo vuelve emocionalmente inestable y que, a la vez, es el secreto de su encanto.

Lo que hace que Heathcliff sea el referente absoluto del concepto es su naturaleza de “incomprendido” que decide rebelarse para imponer su propia ley y jugar con todos sus allegados como si fueran piezas de un tablero de ajedrez. El peligro de este arquetipo se encuentra en que su dolor se presenta como algo atractivo, que nos permite confundir su crueldad con victimismo.

I CAN FIX HIM

Más de una de nosotras se identifica de alguna forma con esa expresión de “puedo cambiarlo”, que trasciende los memes de internet y se inserta en nuestros círculos de amigas de la vida real. Si entendemos que romantizar a Heathcliff es redimir a un personaje que no está hecho para ser amado ni por los ojos de su época, este fenómeno es interesante para hacernos una pregunta: ¿Por qué nos gustan tanto los bad boys?

Quizás esto reside en una imposición social que nos enseñó que el amor viene del cuidado femenino y del síndrome de salvadores que nos educan para tener. En el caso de Catherine y Heathcliff, más que en casi ningún otro, conviene recordar una frase que bell hooks nos dejó en su libro All About Love (que te mencionamos este mes en nuestra sección de Recomendados): “Igual que nos aferramos a la idea de que aquellos que nos lastimaron cuando éramos niños nos amaban, intentamos racionalizar el daño que nos infligen otros adultos empeñándonos en que nos quieren”. Sin embargo, aunque esto sirva para entenderlo, la propia autora nos recuerda: “Amor y maltrato no pueden coexistir”.

Además de romantizar a una persona violenta como Heathcliff, el imaginario colectivo le sacó el verdadero adjetivo de “manipulador” que merece. Para hooks, nuevamente, el maltrato termina por desgastar los vínculos, como sucede precisamente con la vida de Catherine: “Lamentablemente, las mujeres suelen creer que esto es un signo de compromiso, y que soportar la desconsideración y la crueldad, perdonar y olvidar es una expresión de amor. En la actualidad, cuando amamos correctamente sabemos que una respuesta sana y amorosa a la crueldad y al abuso evita el peligro”.

Así que, si alguien quiere amarte como Heathcliff, por favor, corré.

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