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Adultos hiperconectados

¿Qué tal si dejamos el celular por un rato?

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Stan Lee, creador de Spiderman

Es difícil pensar en las cosas positivas que expuso la covid, pero una de ellas es sin duda, el hecho de disponer de la tecnología actual al alcance de las manos en medio de una pandemia. El solo hecho de imaginar atravesando esta cuarentena, unas décadas atrás, con el Nokia 1100 jugando la viborita a todas horas, días, semanas y meses, angustia. Pero esta misma bendición, como todas, encierra una trampa invisible: la adicción al celular, uno de los tantos efectos psicológicos del confinamiento. La nueva normalidad nos arrojó (aún más) a una vida virtual en donde el dispositivo móvil es imprescindible; lo usamos dos horas más que antes, ahora en cuarentena.

Mensajes, videos, memes, noticias, fake news, moda, juegos, películas, series, redes sociales, reuniones virtuales, clases online… son rutinas del día a día en aislamiento, y el celular es el medio preferido de interacción con las personas en modo covid. No es agradable hablar del tema “adicciones”, y ni siquiera la asociamos con el celular; y aunque lo hagamos, quizá aún no dimensionemos el grado de adicción que tenemos los adultos a los celulares, adicción que consideramos la tienen solo los jóvenes, en quienes proyectamos nuestro problema y a quienes obligamos a reducir su uso, limitando el tiempo o restringiendo el acceso a los mismos.

Pero ¿quién nos pone limite a nosotros? Quizá la toma de conciencia individual pueda ayudar a replantearnos si estamos usando el celular como una herramienta de utilidad real, o como una investidura de la propia angustia. Distinguir estos contrastes podría ayudarnos a reconocer con qué síntomas estamos lidiando, para poder aliarnos así de forma positiva con nuestro compañero de todos los días: el inseparable celular.

Nomofobia, adicción al celular

La adicción al celular recibe el nombre de nomofobia (un término que proviene del anglicismo “no mobile phone phobia”) y que se refiere a la ansiedad o miedo irracional a quedarse sin acceso al celular. La adicción al mismo tiene secuelas: mirar el móvil cuando estamos con otras personas, insomnio, falta de atención, estrés, etc.

Existen tests y cuestionarios para identificar si tenemos una verdadera adicción al celular, como BreakFree, y también aplicaciones para “controlar el descontrol”, algunos con alarmas que avisan cuanto tiempo estamos en ciertas aplicaciones, otros con notificaciones “premio” que nos felicitan por dejar en “modo avión” una cantidad de tiempo record en el día. Todas estas estrategias reflejan que este es un problema real, global y, a la vez, particular.

Cada uno sabe por qué y para qué usa su celular: trabajo, aburrimiento, angustia, ansiedad, expectativa, incertidumbre, sorpresa, motivación, información, etc. Pero lo que no sabemos es cómo regular esto, ya que en principio tenemos que saber qué tanto es demasiado tiempo para considerarlo adicción, e identificar y aceptar si la tenemos.

Cuidado con el autoengaño: identificar el síndrome de abstinencia

Un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Lancaster y la Nottingham Trent University, y reproducido por la página digital La Vanguardia, concluye que “de hecho, solemos pensar que usamos nuestro smartphone la mitad de lo que lo hacemos en realidad”. Los investigadores analizaron a un grupo de adultos jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 33 años, durante dos semanas para comprobar cuánto tiempo usaban el móvil.

Los resultados arrojaron que el promedio de uso diario es de cinco horas. Para comprobar si somos adictos, los expertos proponen un ejercicio sencillo: “en primer lugar darse cuenta de si notamos cierta intranquilidad o incluso tristeza si no tenemos el teléfono cerca. Pero la clave para comprobarlo está en querer reducir su uso y no poder [hacerlo]”.

Disfrazar la angustia con multitareas

El celular también opera como “chupete electrónico”, y estar hiperconectados es una forma de apaciguar la angustia que causa el vacío de “no hacer nada”. Este conflicto moral (superyoico) que obliga a “estar ocupados todo el tiempo” se sostiene de la mirada de una cultura hiperexigente. Personas altamente atareadas que “no tienen tiempo para hacer nada más” lamentablemente son modelos premiados y admirados socialmente, pero con sus consecuencias clínicas: burn out, estrés, depresión, evasión, falta de conciencia de la propia vida.

El hecho de “no poder parar” y actuar de forma compulsiva ante algo es un mecanismo de defensa que evita pensar en otra cosa, sobre todo, conectarse con uno mismo y con lo real, involucrarse en la vida real con los hijos, con los amigos, con los pendientes, con los sueños, con los deseos.

Esta compulsión a estar todo el tiempo conectado al celular y desconectado de la vida, como cualquier adicción, puede anestesiar por un tiempo algún malestar, pero también puede cronificar los síntomas de un problema o complejo no resuelto, como las fobias sociales, la depresión, el pánico y acrecentar la adicción, en este caso, al celular. Es por eso que el uso responsable del celular depende de uno mismo, de una soberanía de la libertad personal, en la que uno mismo pueda definir y decidir qué significa ser libre y exitoso en la vida; podría ser tener autocontrol, lidiar con la angustia de forma positiva, atendiendo qué nos quiere decir sobre nuestros deseos y sobre lo que nos motiva, moviliza y enseña, no evadirla inmediatamente ya que, si la enfrentamos, podemos incluso aprender de ella y madurar.

Por ejemplo, al principio de la pandemia sentíamos una angustia al borde de la hipocondría, de la obsesión compulsiva hacia la limpieza, ahora que enfrentamos el problema, aprendimos de eso a tener una mayor conciencia sobre el cuidado de la salud propia y de la comunidad. Todavía hay quienes siguen tratando de aprender sobre la marcha, pero tarde o temprano se aprende, de eso no hay dudas. El aprendizaje aparece ya sea a través del dharma (sabiduría/conocimiento) o a través del kharma (dolor/sufrimiento).

Consejos para regular el uso del celular

  1. Establecer un horario personal, flexible y práctico para el trabajo y para el ocio.
  2. Ponerlo en silencio.
  3. Conocer la frecuencia de uso, hay aplicaciones para eso.
  4. No tenerlo a la vista si estamos con familiares o amigos.
  5. Avisar a los chats que no vamos a utilizar el celular en ciertas horas.
  6. Desinstalar aplicaciones innecesarias.
  7. Evitar las noticias alarmistas ya que elevan el cortisol y estresan.
  8. Evitar el uso del celular frente a los hijos.
  9. Ayudar a un familiar o amigo a tomar consciencia si vemos que puede tener una adicción al celular.
  10. Disfrutar de la tecnología sin culpas, el celular no es el problema, es nuestra forma de lidiar con la angustia y, en cuarentena, con la incertidumbre.
COMENTARIOS
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    Andrea

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    Excelente, gracias Lic. Gabriela Casco.
    Aprendemos día a día leyendo tus artículos.
    Pondremos en práctica con la familia.
    Saludos!!!

    7 diciembre 2020
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